Delirios de la cordura: diciembre 2008

domingo, 28 de diciembre de 2008

MENTE A LA DERIVA. 7ºParte

Una casa.

Una casa frente a un abismo.

Creíamos imposible la posibilidad de escapar de aquel sendero enbrujado. Un sendero plagado de siluetas nocturnas que acechaban tras el follaje. Observaban, esperaban...

Tras horas interminables de extensa y oscura arboleda, las embrujadas ramas despejaron su presencia (gracias al poder hipnotizador de Ciriel) para mostrarnos por fin el cielo nocturno.

El final de aquel bosque plagado de plantas cortantes se abría a una gran cabaña instalada sobre una extensión carente de árboles y vestida de fina hierba recien cortada.
Parecía un campo de fútbol en cuyo centro se hallara una vivienda rústica.

Aquel lugar abierto era el nexo de unión entre el final del bosque y una inmensa catarata rugiente que caía hacia una profundidad imposible de atisbar por el ojo humano. Ni tan siquiera por los hazes de luz ocular que ocupaban ahora mis órbitas y las de Ciriel.
El horizonte al completo caía en aquella cascada.

Tendríamos que entrar en la cabaña o retroceder sobre nuestros pasos y adentrarnos de nuevo en el bosque.

No había camino alguno en kilómetros a la redonda que rodease aquella caída de agua monstruosa.
De este a oeste,todo era cascada. Parecía el fin del mundo del que tanto hablaban cuando creían que la tierra era plana.


Nos encaminamos exahustos hacía aquella casita de madera. Aunque llamarla "casita" sería arto injusto, ya que dicho edificio podría medir lo mismo que los bloques de apartamentos de cinco pisos de altura situados en el centro de Santa Gloria, nuestra antigua ciudad natal.

Ciriel a duras penas podía mantenerse en pie. Sus hazes de luz alumbraban escasamente el camino. Ya que con frecuencia cerraba sus parpados en señal de una inminente derrota contra el sueño. En cambio yo, no aminoraba el ritmo. Debido sobre todo a la noche anterior, en la cual fue Ciriel quien montó guardia mientras los demas dormíamos.
Selena no parecía muy afectada por el duro caminar que llevabamos realizando durante lo que parecían días. Aunque uno no podía estar seguro de como transcurría el tiempo cuando una eterna oscuridad envuelve tu entorno y lo engulle entre tinieblas.

-Si algo acecha en aquella casa, lo mataremos. Pero necesito descansar y es la primera vez que se nos muestra la oportunidad de hacerlo bajo techo- me decía Ciriel entre asmáticos suspiros.
Le contesté con aire desafiante -Con toda certeza, será una trampa para cazarnos. Pero no tenemos opción,sea lo que sea no podrá detenernos.- Y le di un beso en su arañada mejilla.

Llegamos al porche.
Era como otro porche cualquiera.Con su sofá amaca y su felpudo de Bienvenidos postrado a los pies de la entrada.

Extendí la mano y agarré el pomo.


El número doce estaba grabado en aquella puerta.


El número doce.


Mi mente atraviesa mi razón...


Doce. Igual que aquella habitación de la cual salió un sanguinario Angus blandiendo su gigantesca hacha portadora de muerte.


Mi mente atenta contra mí...


Doce. Como son doce los años transcurridos desde lo ocurrido con Huméd.


Mi mente me odia de nuevo...


Son más artimañas de "ellos" ¿Verdad?


Son más artimañas de él. De...

Lucius apareció tras la puerta antes de que pudiese abrirla.

Mi corazón aceleró sus latídos hasta límites insospechados. Incluso aquellas delirantes voces que resonaban en mi torturada cabeza cesaron asustadas ante aquella visión.

Finalmente Ciriel fué noqueada por el puño implacable de Morfeo y cayó a los pies de Lucius por puro y silencioso abatimiento.

Selena observaba impasible con aquellos ojos dorados escondidos tras su larga melena roja.


Observaba y se columpiaba sobre sus posaderas de atras hacia adelante, como solía hacer en la cueva de Freeman el Gordo; El difunto hermano de aquel hombre que estaba frente a mí.


El uniforme de botones había sido reemplazado por unos gastados vaqueros azules sujetos con tirantes. Todo ello a juego con una gorra del mismo color que ensombrecía la mitad de su bello rostro.

Lucius se llevó la gorra al pecho exclamando con júbilo:


-¡Por Mortius el grande! ¡Es mi viejo e imprevisible Lucecitas! ¿Y has echo amigos? Bueno,bueno... ya me comentaron sobre tu violación, interrupción y usurpacíon con respecto a la misión de Ciriel.. ¡Pero lo mejor de todo, es que tienes a Selena contigo! !Íncreíble... Jajajajaja!



Lucius se agachó para acariciar a la pequeña y ésta soltó un breve gruñido de advertencia- ¿Porqué no la dejaste en aquella cueva junto a los restos de mi hermano, te dio pena que pudiera quedarse sola?- Su camisa roja a cuadros mostraba sendos parches sudados en las axilas. Su aspecto era del clásico granjero atractivo que anunciaba comestibles en la caja tonta- Sois un pequeño saco de problemas. Los dos. Pero me alegro de veros ¡Jajajajaja!


-Bueno...tambien tengo esto- le contesté mostrandole una diminuta pelota de goma.


Acto seguido, arrojé la pelota a su rostro y mi salvaje compañera abalanzó su figura contra él.


Lucius sonreía;


-Ya sé que lo tienes. Si no la tuvieras, Selena acataría su propia voluntad y no la tuya- me dijo al tiempo que mostraba cuatro bolas de malabares y las lanzó una por una al infantil pecho de su atacante.-¡¡TATATACHAAAAN!!-exclamó entre gestos vivazes.


Con cuatro diminutas explosiones de colores, Selena salió despedida por los aires a lo largo de todo el verde terreno abierto. Voló hasta acabar casi en el interior del bosque. Su diminuto tronco yacía ahora ensangrentado y convulsionaba agónicamente.


Lucius reía sin parar y se adentraba ya en el interior del edificio;


-No te preocupes, no morirá. No, ella no puede hacerlo. Pero tardará un buen rato en recuperarse. Ahora... entrad por favor. Y si no quereis entrar, pues entrad de todas formas.No soporto el sonido de la cascada que hay detras de esta casa- Mientras pronunciaba todo aquello, Lucius se manteía inclinado hacia delante de modo que pudiera enseñarme aquel rostro sonriente que habitaba en su coronilla. Un rostro que gesticulaba al mismo tiempo que Lucius hablaba. Pero sin emitir sonido alguno.


Con Ciriel entre mis brazos, acompañados con el único sonido de aquella cascada que rompía el norte en un profundo abismo de vapor húmedo,cruzé el umbral y me adentré en la casa.

Una vez dentro, estabamos desnudos. Mi fibroso cuerpo se mostraba sin pudor tal y como mi madre me trajo al mundo entre gritos istericos. A pesar de tener ahora la cabeza mas despejada, no pude darme cuenta del momento exacto en que mis prendas desaparecieron. Pero ahora los multiples arañazos y costras salían a la luz. Al igual que el delicioso cuerpo de Ciriel. El cual mostraba unos pechos embadurnados en aquella sangre derramada a los pies de aquel inmenso volcán.. Donde retozamos salvajemente. Su melena teñida de rosa cubría parte de sus atributos. Pero tanto su vagina como mi flacido y sucio pene, no encontraban refugio ante las vistas ajenas.


Lo que mis Hazes oculares captaron fué una larga mesa rectangular rodeada de comensales. El salón en el cual me encontraba estaba decorado con un reloj de cuco sobre una candente chimenea invernal. Cada una de las redondas ventanas que rodeaban la estancia,estaban cubiertas por cortinas marrones a juego con la alfombra que abrazaba el suelo bajo la mesa.


Al fondo,una escalera de caracol construida con la misma madera que el resto de la casa, conducía a los pisos superiores.

Las personas sentadas alrededor de aquel banquete centraron su atención en los nuevos visitantes.

Lucius anunció con voz altiva:

-¡Familia, estas son las almas herrantes de las que tanto hablan ultimamente! Ahora que sus luces oculares les han guíado hasta aquí, debemos ser amables. No todos pueden presumir de burlar la misión que Mortius les encomienda. ¡Sean bienvenidos pues, ya que son nuestros antiheroes favoritos!

En una de las cabezeras de la mesa, un hombre anciano de rostro arrugado y tez cerúlea alzó los brazos en señal de bienvenida. Iva vestido igual que Lucius y sus manos se mostraban callosas y fuertes.

Frente al anciano, en el otro extremo de la mesa, una mujer nos invitó a sentarnos. Una mujer con un resplandeciente y elegante traje rosa completamente fuera de lugar en aquella sala campestre. Una mujer de larga melena negra y labios de un grosor exagerado y exitante. Una mujer de turgentes y sensuales pechos. Una mujer...


-Agatha, amor mío, sirveles de esa fruta tan deliciosa que cultiva tu padre ¿De acuerdo?-Le susurró Lucius al oído.


El anciano inchó el pecho en pleno orgullo y exclamó: ¡Pues claro que son deliciosas mis frutas! ¡Mis cultivos son los mejores! No lo dudes nunca, Yerno.

-Él es Pitt, mi suegro-. Me soltó Lucius con voz pilla.

¿Qué estaba ocurriendo?


¿Aquel granjero era el padre de Agatha Lugosi? ¿Aquel granjero de piel azul era el padre de aquella mujer del piso catorce?
¿El piso catorce de aquel hotel de pesadilla situado en la inmesidad de un desierto de extremidades ? Jamas hubiese imaginado encontrar a Agatha rodeada de individuos tan simplistas...tan...poco glamurosos para ella.


Y Lucius... era su compañero sentimental... ¿Era posible todo aquello?


Una familia de diablos nos recibía entre risas fatuas y pura fachada de amabilidad acogedora.


Una familia críada bajo el seno de un Dios de muerte y destrucción.


Bajo la silla de Agatha, Huméd, el perro con cabeza humana,mordisqueaba una chuleta entre sus negras mandibulas de adolescente. Una fina capa brillante pringaba su barbilla. Esa barbilla tan...tan poco correspondida para un perro...


A un lado de la mesa un hombre entrado en años y con gesto de estúpida abnubilación comía con ansia varios trozos de fruta de la fuente servida en el centro. Vestía un pijama celeste decorado con ositos y mapaches que cubrían sus dos metros de estatura. LLevaba el pelo a lo mohicano y sus rasgos eran fírmes.


Al otro lado frente a él,una anciana aun mas mayor que el granjero recolector de frutas, sorbía agua de un vaso con pajita. Sus manos temblaban sin cesar a la par que su cabeza. Mostrando evidentes signos de Parkinsonismo. Su corto pelo canoso se recogía en un abultado moño y largos mechones arácnidos caían por su costrosa frente.


El rostro de aquella anciana, era lo mas aterrador de la comitiva allí presente.


En lugar de ojos, unas cuencas vacías y anodinas poblaban su cara.


Dos agujeros negros que miraban de aquí para allá con cada sorbo que extraía de aquella pajita. Con cada sorbo que degustaba con sus rrugosos y resecos labios de mujer centenaria, un nuevo temblor sacudía sus manos.


-Mamá, termina de beber eso y continua con tus labores ¿De acuerdo?- Le ordenaba Agatha desde el otro extremo de la mesa.


La contestación de la anciana se reducía a un quedo gruñído y un molesto entrechocar de dientes.


-Menos mal que ya no puedes hablar ¿Eh, Andrea? ¡Menudo coñazo estabas echo cuando tu lengua contaba con sus días de gloria! ¡Pero eres mi mujer y te quiero igualmente!- sentencío Pitt.

Una gran carcajada invadió el salón rompiendo el silencioso crepitar del fuego en la chimenea. Todos reían con estridencia y salvajismo. Agatha Lugosi daba profundas palmadas en el lomo de Huméd y la anciana Andrea,víctima de las burlas, se levantó de su silla y se dirigió con paso paulatino a la mecedora que estaba frente al fuego. Una vez allí se sentó y comenzó a entonar una gutural y apagada melodía...


El hombre del pijama cayó al suelo entre sonoras e infantiles risotadas. Sus regordetas manos adultas apretaban su vientre y pataleaba al aire con unas piernas casi tan largas como Ciriel.


Oír su risa era el equivalente de oír a un gorila en pleno apareamiento. Resultaba desagradable a mas no poder.


-No te rías tanto Teddy. Si no, mojaras el pijama. ¿Y no querras ver a mamá furiosa de nuevo verdad? ¿No querras que vuelva a cortarte todos los deditos de una mano, no es asi?- Le decía Lucius con voz paternal.


El grandullón cesó su ataque de alegría y agito la cabeza exclamando con nerviosismo:

-¡No,no,no lo haré papá! A Teddy le cuesta mucho hacer crecer de nuevo sus pobres deditos. Si,si a Teddy le cuesta mucho restaurar su pobre carne cuando mami se la arranca.


-Así me gusta- dijo Lucius antes de sentarse a su lado en la mesa.


Ciriel abrío los Hazes de luz muy lentamente. Me miró aturdida y se frotó la cara. Yo la abrazaba por la cintura.

Por alguna razón, mi cerebro volvía a procesar la información con total normalidad. Mis sentidos ya no cambiaban sus funciones entre sí, mis recuerdos y percepciones del espacio-tiempo eran palpables y ordenadas. Aquellas voces brillaban por su ausencia. Una ausencia que permitía a toda mi Psique, captar lo que hasta ahora hubiese sido incapaz de percibir;


El Auténtico miedo.


Era eso. El auténtico miedo a todo lo que me rodeaba, a todo lo que había dejato atras y a todo lo que quedaba por recorrer.

Por las lagrimas cristalinas que escapaban de los Hazes de Ciriel, supe que a ella le ocurría lo mismo.Aquello era como un velo recien levantado,un telón alzado que nos descubría la cruda realidad a la que estabamos sometidos desde que morimos en la ciudad de Santa Gloria y vinimos a para aquí.

La misma locura creciente y sedienta que antaño nos poseía con placer, ahora se había desvanecido como polvo en el viento. Esa misma locura que nos encerraba dentro de nuestro propio albedrío chiflado, esas voces que aprendimos a moldear a nuestro antojo para derrotar cualquier obstáculo en nuestro duro caminar, no dejaron ni un atisbo de presencia abstracta.


Eramos conscientes por vez primera, del lugar al que habíamos ido a parar despues de morir en vida. Eramos conscientes de nuestra antigua cordura perdida que regresaba a casa sin avisar.
Sí, ahora podíamos pensar sin ser engullidos por la sed de sangre.

Y todo tan derrepente. Tan veloz.

Eramos como un loco que recupera su lucidez en plena sesión con su doctor habitual y se da cuenta de su encierro en el manicomio y que vive rodeado de tarados.


¡No! ¡No por favor! ¡No lo quiero, no lo quiero! ¡Oh dulce néctar del delirio, abrazame si todavía me amas por favor! No...no me abandones...


Quiero sentir tu embriaguez...quiero sentir tu poder...
¡Jajajaja! ¿Ya soy un ser racional y cuerdo? ¿Mi mente ya no vaga a la deriva entre tus océanos de absurda realidad? ¿Ya no estoy loco? ¿Ya no puedo utilizar las voces femeninas de mi cabeza?
Entonces... es el fín. No tengo poder que pueda protegerme. No tengo poder que pueda aniquilar a voluntad.


Nos sentamos juntos en la mesa. Frente al hijo retrasado de Lucius y Agatha.

Ciriel me agarraba la mano con fuerza. Estaba llorando.

La angustia y el pesar nos invadía. Ahora que volvíamo a ser "seres racionales", lo único que queriamos era ser engullidos por la tierra y acabar con todo de una vez y para siempre. Nuestra desnudez actuaba como un potente imán de miradas pícaras.


-Comed un poco de mis frutas. Estan deliciosas- Nos ofrecío Pitt extendiendo sus manos a la fuente del centro de la mesa. Su sonrisa se asemejaba a la de su yerno Lucius- De todas formas permanecereis aquí para toda la eternidad. Disfrutad y no seais tímidos- el encorvado anciano reía en todo momento.

A continuación, el feliz granjero me agarró el dedo índice y lo arrancó de cuajo con su navaja multiusos.

Proferí un grito de dolor profundo mientras el padre de Agatha sostenía mi mano izquierda sobre la fuente situada en el centro de la mesa. Acto seguido, apretó el muñon que ahora ocupaba el lugar de mi dedo y derramó mi tibia sangre sobre cada una de las frutas alli servidas.-Perdona chico, es que les faltaba un poco de aderezo para darle ese toque exquisito que merece-.Dijo al tiempo que mordisqueaba una manzana moteada con mi propia sangre.
Pitt arrojó el dedo cercenado a Huméd, que fue engullido en poco tiempo.

Los demas comían con tranquilidad, como si estuvieran contemplando algo de lo mas natural.Mientras, yo me revolvía de dolor y Ciriel me apretaba la mano contra su pecho desnudo. Prestandome toda la ayuda que era capaz de concederme en aquel momento.

Andrea seguía entonando aquella melodía desde su mecedora. Un dulce y constante Ummmmm que mas parecía una canción de cuna que cualquier otra cosa.

Una melodía preciosa y tanquilizadora...

Esa melodía...

¡Es esa melodía,por supuesto!

¡Andrea nos despejaba y nos confortaba el espiritu. Nos alejaba de nuestras voces mentales para dejarnos indefensos ante nuestra propia naturaleza humana!

Esa era la causa. Esa era nuestra entrada a la cordura y a la lucidez. Andrea nos estaba curando. Sin duda alguna, Lucius se ha percatado de que hemos aprendido a utilizar la "tortuta psíquica " al que son sometidas todas las almas impías condenadas por Mortius en nuestro propio beneficio. Lucius sabe que el delirio era nuestra fuente de poder y por eso estaba decidido a sanarnos mentalmente a traves de Andrea.


Ahora somos humanos normales y aterrados. Volvemos a ser almas condenadas por Mortius.


Un chorro de tibio líquido amarillo escapó de entre los muslos desnudos de Ciriel. No podía aguantar más el abrazo del terror.


-Eso es poco atractivo querida- Exclamó con burlón desdén Agatha. Llevandose una servilleta a sus gruesos labios para limpiarselos de jugo frutal.

-Hay necesidades básicas que no escapaban ni en lugares como este ¿Verdad?- Le secundaba Lucius posando su brazo alrededor de los hombros de su fogosa mujer.


Derrepente Tedd saltó sobre la mesa de una enorme zancada que la hizo volcar y llegó hasta donde Ciriel descansaba. Alzó su largo y robusto brazo envuelto en ositos y mapaches y le propinó una contundente y sonora bofetada.

Ciriel salío despedida del asiento hasta chocar contra una mesita situada en una esquina.

Yo me levanté decidido a ayudarla. Pero El gigante era tan fuerte como la pequeña Selena y agarrandome del cuello, me tiró de bruces frente a la escalera de caracol. La cual me golpeó en la nuca y me provoco una lluvia de chispas rosas en mis hazes.

Tedd levantó a Ciriel por el cuello. Podía oír los vanos intentos por respirar de mi amada,su cuerpo desnudo agitandose entre aquellas tenazas... no podía aguantarlo...


-¡A Teddy le gritan por orinarse encima, a Teddy le cortan sus pobres deditos por orinarse encima! ¿Y tu lo haces en pleno salón? ¡Teddy te va a castigar,sí,síííí Teddy jugará contigo!


Lucius apoyó la mano en la cintura de su bestial hijo y lo calmó diciendole con voz melosa:

-Acaban de llegar Teddy. Dejalos que sean conscientes de lo que les espera ¿Vale? Mañana por la mañana podras elegir a uno de ellos y jugaras con él en tu cuarto ¿Qúe te parece?-


Tedd dejó caer a Ciriel con brusquedad;

-¡Quiero jugar con ella! ¡Sí, Sïii Teddy quiere jugar con ella,Teddy quiere enseñar sus muñecos a la mujer con luces en los ojos! ¡Mañana por la mañana,mañana por la mañanaaa!


Agatha Lugosi le contestó riendo:

-Mañana por la mañana mi amor. Ahora, saca a pasear a Huméd.


-¡Valeeee, vale mami, mañanaaaa pero antes sacaré a pasear a Huméd!-Dicho esto, el gigante ató la correa alrededor del cuello afroamericano de su mascota y salío a campo abierto.


-Yo me voy a la cama- bostezó el viejo cerúleo- mañana tengo que trabajar el terreno.Hay mucho que sembrar y recolectar. Y me acompañarás tu Kevin ¿Te apetece? ya que Tedd ha elegido a Ciriel... solo me quedas tú-. El granjero subió las escaleras hacia el último piso. Que era su dormitorio. Sin embargo,su anciana esposa sin ojos seguía entonando la melodía que nos libraba de la locura mas eterna.

Aquella mujer no tenía pinta de querer dejar sus labores para irse a dormir. Pasaría allí toda la noche. Cantando. Desarmandonos con su canción...

Lucius se acercó a nosotros :

-Os acompañaré a vuestro dormitorio. Está en el cuarto piso. Justo debajo del que ocupan Andrea y Pitt y justo encima de la habitación de Teddy. Es posible que oigais a este último jugar con sus juguetes durante horas. En el segundo piso estamos Agatha y yo.

-Te espero querido. No tardes- Le alentaba aquella maliciosa mujer de rosa.

Al llegar al tercer piso (completamente vacío, sin pertenencias ni muebles ) Lucius nos propinó un amistoso empujón y nos hizo caer de frente- Bueno,el color negro de las paredes mola ¿no? y supuse que no necesitariais luces. Como buenas almas herrantes que sois, ya portais los hazes que yo mismo os proporcioné. ¡Asi que sed buenos y alumbrad bien el camino que pisais,TATATACHAAAN! ¡Buenas noches y hasta mañana!- dicho aquello cerró la puerta con un sonoro estruendo. No sé como aquellos seres conseguían discenir entre el día y la noche bajo un cielo en constante y eterna negrura,pero parece ser que lo lograban.

Desnudos y abrazados en aquel calabozo,lloramos.

Desde abajo oíamos ese melodioso Ummmm de Andrea frente a su chimenea. Aquella melodía devoraba cualquier esperanza de salir de alli con vida. Tambien oíamos en la lejanía a un jovial Tedd, gritar numerosas palabras juguetonas a su mascota afroamericana Huméd. Probablemente estarían correteando por aquella vasta extensión que separaba el bosque de la inmensa cascada.

Desde el segundo piso oíamos fuertes golpes contra la pared seguidos de unos gritos de puro orgamo extremo. Durante casi una hora, una batalla afrodisiaca se libraba sin cuartel alli abajo. Tras resonar por toda la casa la voz de Agatha;- ¡¡¡Síííííííí Luciuuuusss ooooooohhh síííí!!!- los golpes cesaron y nuestros tímpanos no llegaron a estallar.

-Me han abierto los ojos Kevin. Puede que sea esa melodía que cura mi mente, pero me han abierto los ojos. Ahora soy consciente y perfectamente responsable de nuestra situación...y no podemos usar nuestro poder si la anciana anula nuestras voces con su canto...

Ciriel abrazaba su desnudo cuerpo contra el mío. Yaciamos en el suelo,contra la pared. Nuestros Hazes de luz iluminaban la estancia. Fría,vacía y desoladora.

Me limité a contestarle sonriendo. Ahora el muñón del dedo índice arrancado por Pitt parecía quemarme por dentro;
-Putos negros y putos inmigrantes... solo queríamos limpiar el mundo de tan mísera calaña...¿Es necesario recibir tal castigo?Supongo que desde donde quiera que esté David Serra, estará contento. Tanto Él como los mas de trescientos cadaveres que dejamos durante nuestra vida en Santa Gloria- .

Ciriel prosiguió con sus asustados sollozos. Su semblante era de pura resignación;

-Kevin...Tengo miedo. Tengo mucho miedo.

-Yo tambien amor mio, yo también.






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martes, 23 de diciembre de 2008

MENTE A LA DERIVA. 6ºparte.

La encontré.

Por fin la encontré.

Mi amada, mi delirio.

Ciriel...

Ahora estas a salvo mi amor. Ahora estoy aquí..¡Y que nadie se atreva a robarte de mis brazos pues ellos pagarán cara su osadía!


No temas por tu alma pues conmigo recuperará la calidez de la que un día disfrutó...

No temas a las llamas del purgatorio, ni a las mas efímeras amenazas de este mundo infecto y oscuro. Juntos podremos salir de esta. Juntos... Juntos cambiaremos nuestro destino.

Contemplé su lento despertar.


Poco a poco recuperaba el conocimiento y su cuerpo comenzó a tiritar ante el frío hielo de aquella pista de patinaje.


En dicha pista había tenido lugar el último acto de Hipnos (Aquel mago del piso veintiuno) en nuestra macabra función. Su anterior ser ahora se reducía a una túnica vacía y humeante. Rodeada de no pocos amasijos sanguinolentos de lo que en su día fueron alegres niños con patines.


Selena, la niña desnuda de larga melena roja se daba el atracón de su vida a costa de aquellos restos humanos. Por lo visto, Freeman el Gordo no era generoso en cuanto a su nutrición. Y ahora mi nueva compañera no veía el momento de recuperar el tiempo perdido. Mientras yo mantuviese la custodia de aquella pelota de goma, su lealtad estaba asegurada.

Ante mí se postraban inertes los cadáveres de aquellos coristas que basaban sus ejecuciones a traves de alegres e infantiles villancicos hambrientos de energía vital.

De no intervenir, mis afiladas y diamantinas manos lacerantes no habrían podido salvarla de sus cantos.


-Tranquila Ciriel, soy yo...- La ayudé a levantarse y la envolví entre mis brazos.


-¿Qué...Quién..?- Agitó un poco la cabeza y volvió a mirarme, esta vez sorprendida -¡Kevin! ¡Dios mio, eres tú! ¿Cómo me has encontrado? Entonces este lugar es... ¿Pero qué...y Angus donde está?-

Le cerré los labios con un prolongado y ardiente beso. ¡Cuanto echaba de menos su tacto..! Su voz..su rostro...


Kevin...Asi que mi nombre es Kevin. Mi ebria e inestrable mente hasta hora se había negado a concederme el acceso a esa porción de mi memoria. Pero gracias a ella,ahora lo recordaba.


Ella. Si. Siempre era ella,el único y verdadero cerebro de mi antiguo grupo;Ciriel.


Tras un prolongado silencio,acompañados tan solo por nuestros respectivos Hazes de luz que alumbraban nuestros rostros, emprendí la fatídica tarea de explicar los acontecimientos a mi aturdida oyente:
-Bueno, supongo que ya sabrás el motivo de porqué estas aquí. Al igual que sabes cual es nuestro destino. O como "ellos" gustan de llamar, nuestra misión.

Ciriel soltó un quejumbroso suspiro antes de hablar; -Tenemos que morir una vez hayamos cumplido nuestro castigo. O al menos, deberiamos haberlo hecho ya...


-¡Exacto! Nuestra misión se había programado para que hubiésemos muerto hace rato...tú entre aquella multitud de negratas y yo en aquel laberinto de montañas que atravesé tras mi conversación con Freeman. Sin embargo, logré abrirme paso para llegar hasta aquí y salvarte de las fauces de Mortius.


-Mortius... ¿Es... el verdadero demo..?- Ciriel se dejó caer exhausta sobre sus rodillas.


-No.Demonio no-. Le dije- Es...digamos el "Señor" que se encarga de todo este asunto de las almas. Pero nadie sabe lo que es. Puede que sea el mismo destino. El final para la gente como nosotros-.


-Comprendo-. Me dijo ella. Su dorada melena teñida de rosa ocultaba su iracunda tristeza y abatimiento. -Y el grandullón está...

-Por favor, no preguntes por Angus. Nuestras misiones se cruzaron... Y para continuar con la mía, había que acabar con la suya-. Esto último salió de mi boca más como un cuchillo punzante que como simples palabras articuladas.

-De algun modo...las voces de mi cabeza me advertían de ello.Han pasado tantas cosas en tan poco tiempo ¿ No es para perder el juicio? Je..je..je.. ¡JaJajaJa!- Comenzó a reir sin cesar y sus luminosos hazes oculares se contrayeron de forma espasmodica con cada carcajada.


Yo me sumé a sus risas.


Reía porque la quería.


Reíamos porque era divertido.


Reíamos porque no sabíamos que era aquello tan divertido.


Reíamos porque controlabamos aquellas voces gimientes y eternas. Porque controlabamos nuestra locura. Controlabamos nuestro propio delirio y lo transformábamos en nuestra arma.


Reíamos porque aquella demencia perturbadora ahora era nuestra esclava y nuestra mas mortífera defensa combativa. El arma que anunciaba el fracaso inminente de "El señor". Si... El condenado Señor Mortius no llenará su informe estomago con nuestras errantes almas. No formaremos parte de las incontables vidas castigadas que encontraban su cenit en aquellas fauces del némesis.

Pues claro que teníamos motivos para reír.

Con agitadas respiraciones nos arrancamos la ropa al tiempo que uníamos nuestras lenguas en un remolino caliente y salivoso.Una plancentera humedad envolvió mi cuerpo cuando ella mordisqueaba cada uno de mis maltrechos musculos.Bajo ella, yo agarraba su cintura con firmeza para contener sus salvajes y lujuriosas enbestidas cometidas por sus caderas. Su cuerpo se contraía con cada gemido que emitía nuestras gargantas, mientras mis Hazes de luz iluminaban las orondas formas de sus agitados pechos.Dejando el resto de su cuerpo en una exitante penumbra.Mis ansiosas manos apretaban con fuerza sus senos y ella me pedía más y más.

Nuestros cuerpos desnudos no sudaban. No era posible hacer gala de ese fenómeno anatómico tan humano. Ahora eramos cuerpos de otro mundo.De otra frontera. De otro firmamento.


Nuestros cuerpos desnudos se enlazaban entre ellos y rodaban sobre el frío hielo. Un frío inposible de sentir en pelo frenesí sexual.


Nuestros cuerpos desnudos temblaban con una lascivia fusiosa sobre los cadavéres de aquellos niños coristas. Embadurnados con aquel cálido liquido carmesí, nos lamíamos con gula cada uno de nuestros centímetros corporales. Ella gritaba mi nombre una y otra vez a un cielo que pertenecía a un ser que era la pesadilla en sí misma.

Selena contempló la escena con cierto aire de aburrimiento desde su improvisado lecho de carne y huesos y echó a correr a cuatro patas hasta perderse en la oscuridad. Probablemente buscando algo con lo que entretenerse. Su melena roja sacudía el viendo con su trotar felino.

Con un último grito de orgasmo conpartido, Ciriel y yo nos quedamos abrazados entre el frío hielo e infantiles muñones rojos. Sentíamos una sensacion de unión y esperanza.Esa esperanza que fortalecía aquella determinación portadora de nuestro triunfo.


-¿Qué tienes pensado hacer amor mío?- Me decía ella con voz melosa agitando su dedo sobre mi pecho manchado de sangre ajena.


-No volveremos a ver la luz del Sol. Lo sabes. Sabes que no es posible salir de un lugar creado entre la vida y la muerte. Ahora las llamas que consumen vidas y estos Hazes que tenemos en nuestros ojos seran nuesto único Sol.

Ciriel me dijo entre lamentos; -Nadie escapa de Mortius. Él es castigo e infierno. Él es penitencia para los que fueron demonios en vida. Vidas como las nuestras. Si nuestros caminos se cruzaran con David Serra, suplicaría su perdon una y otra vez. Él no tenía porqué morir como un negrata más. Él era nuestro amigo-.

-Sabes al igual que yo, que David Serra no cumple penitencia aquí. A él no se le a encomendado ninguna misión. Puede que su espiritu inquieto vague ahora por los corredores de un lugar floreciente y pacífico. Un lugar...

-Lo sé, Kevin. Un lugar gobernado por aquel que le es opuesto a Mortius. Un lugar de serena armonía entre aquellas almas que han gozado del don de la vida con honor y aprecio. Un paraíso eterno. Tal vez el cielo segun los católicos.

Miré fijamente sus almendrados ojos a escasos centímetros de ellos y le susurré:

-Escucha mi amor. Podemos luchar,podemos sobrevivir e incluso podemos instaurar nuestra propia notoriedad en este mundo infame. ¿Comprendes? Podemos coexistir aquí...

-No hace falta que sigas. Me niego a desintegrar mi existencia en las mandibulas del mismo demonio.Yo tambien quiero luchar. ¡Yo tambien quiero hacerles ver el respeto que merecen aquellos que no han recibido el reconocimiento que se merecían en vida! ¡ Aquellos que limpiaban el mundo de seres de sangre negra e impura! ¿Acabar en este lugar? ¡Jajajaja, pues que se arrepientan de tenernos con ellos!

-Te quiero Ciriel-.

-Te quiero Kevin-.Dicho esto,volvímos a retozar salvajemente en medio de la creciente oscuridad glacial y con promesas de gloria resonando en nuestras cabezas.

Reanudamos nuestra marcha hacia ninguna parte. Ahora la visión de nuestro alrededor era mucho mas clara. No por la unión de nuestros Hazes de luz, si no por la presencia de un majestuoso e imponente volcán de no menos de mil metros de altura,que se alzaba en el horizonte.Aquel monte de piedra negra y magmática vomitaba largas lenguas de asfixiante humo que preñaban el cielo de un gris contaminado. El calor que irradiaba la zona era lo que neutralizaba la oscuridad del lugar. Ya que un tenue manto rojizo perfilaba todo el paisaje en kilómetros a la redonda.


Nuestras mentes volvieron a jugar con los recuerdos mas recónditos y apuñalaban nuestra cordura sin ningun atisbo de piedad. La desorientación y el sin sentido fueron nuestros únicos guías en aquel ardiente paraje. Caminábamos y no sabíamos donde ni porqué lo haciamos. Todo era confuso y todo era absurdo...

Al llegar a la base del volcán, nuestras luces oculares se posaron directamente sobre una serie de barrotes de acero que limitaban una pequeña sala. La roca carbonizada daba paso de golpe y porrazo a una estructura sólida empotrada en la piedra. La estancia consistía tan solo en una mesa circular y una silla. Ocupada por un hombre de gafas negras y una gabardina que doblaba tres veces el tamaño real que ocultaba debajo. Sus palidas manos jugaban con una serie de hilos enmarañados entre sí mientras se dirigía a nosotros:

-Hasta aquí habeis llegado. Digo adios y digo buen viaje-. Su rostro permanecía serio e inquebrantable bajo aquellas enormes gafas solares.

-¡Yo digo jódete,puto maricón disfrazado de detective JAJAJAJA!- Se limitó a responder Ciriel mientras yo le secundaba las risas.

-De acuerdo. Digo adios y digo que mucho habeis perturbado ya nuestro equilibrio. Digo que Lucius podrá respirar tranquilo una vez ejecutada su voluntad. Tambien la voluntad de Agatha Lugosi. Y por supuesto de aquel que es nuestro "todo". Aquel que le es opuesto a Celestio,amo del reino floreciente.Ahora digo adios. Ahora digo muerte.

-Está bien. No podemos volver sobre nuestros pasos. Parece que hemos pasado del frío mas enfermizo al calor mas extremo. Sea pues..- Las voces redoblaron su canto dentro de mi cabeza y la locura me invadió. Por la expresión desorbitada de mi amada, supuse que ella tambien se hallaba en plena zambullida delirante.

La locura incesante era nuestra arma mas mortífera. Un arma que ahora acudía a nosotros.

Una tremenda sacudida nos hizo caer de bruces. El volcán permanecía aletargado de forma temporal por tanto el causante de aquel seísmo inoportuno fue...

No sabría como describir aquella visión. No sabría expresar mi repulsión hacia aquella masa execrable de extremidades. Era gigantesca. Una gigantesca forma viviente compuesta de incontables brazos,piernas y troncos en constante movimiento. Todas las extremidades eran de raza negra. ¿Era Posible?

Aquella lluvia en el desierto... Ese hombre refugiado tras los barrotes...¿Había recolectado todos los restos cárnicos de aquella tormenta? ¿Los había unido unos con otros en una forma no definida para crear esa aberración de mas de siete metros de altura? Y esos hilos que manipulaba entre sus dedos,puede que sea el control que ejerce sobre su creación ¿Podría tratarse de una especie de titiritero?


Aquella monstruosidad se encogía y se expandía levemente, como si se tratase de un enorme corazón ambulante echo de carne. Con cada pulsación de todo su ser, numerosos chorros de sangre salían de entre los finos surcos que unían brazos con piernas y piernas con troncos.


Una sonrisa asomó en los labios del titiritero recolector de desechos.


Millares de manos nos aferraron con fuerza desde todos los ángulos. Mientras que sus centenares de piernas comenzaron a recorrer el volcán en dirección a la cima. Un calor sofocante nos invadía de forma gradual conforme nos acercábamos a la meta del monstruo sin forma. Era imposible soltarse. Como tambien para Ciriel, le resultaba imposible manipular la voluntad de aquel ser como ya hizo con los zombies de las montañas y aquellos niños con patines. Aquel ser no tenía voluntad.


Otro latido corporal. Y con ello otro emerger de sangre que nos envolvió con su olor a cobre fundido y cubrío todo nuestro cuerpo. El titiritero continuaba manipulando los hilos desde su refugio entre las piedras volcánicas. En aquella cámara tras los barrotes.


Ahora la garganta de lava estaba bajo nuestros pies y aquel ovillo de extremidades latentes nos agarraba como si quisiera mostrar sendos trofeos al ardiente magma. Nuestros oídos tan solo captaban de aquel ser, el resonar de incontables manos e innumerables pies que se movían sin parar y chocaban en sus continuas e incesantes convulsiones.

-Digo que mucho habeis durado. Digo que sí, desde luego que sí- Habló el titiritero tras los barrotes.

Acudí de nuevo a mis voces mentales y obtuve el poder;

-¡Corta,corta,pincha y corta! ¡Jo,Jo,Jo, Santa claus está en la ciudad y sus manos son diamantes que cortan! ¡Jajaja soy el Lucecitas puto engendro del infierno Jajajaja!- Exclamaba y reía mientras que mis recien transformadas manos diamantinas serraban dedos y pectorales a mi alrededor. Provocando varios manguerazos de sangre sobre mi enloquecido rostro. Los diamantes alcanzaban dos metros cada uno y varios hilos de saliva caían de mis comisuras labiales; - ¡Sí,sí,sí masa carnal. Basura amontonada de miembros cortados! ¡Masa para amasar! ¡Pues amasemos el pan nuestro de cada día,digo Amén y digo adios! Tambien digo lo que me da la gana ¡Jajajajaja!


Ciriel apenas podía respirar, ya que su cuerpo yacía aprisionado entre mas de doscientos pies que la estrujaban sin conpasión y el suelo. Aún así, sus carnosos labios tambien borboteaban largos hilillos de saliva y conseguía evitar su aplastamiento sosteniendo varios de los pies que pisaban sus pechos a escasos centímetros sobre ella. Pero a pesar de ser consciente de que no aguantaría mucho más, ella reía; -¡Ji,ji,ji,corta cariño corta. A ver si entre tanta mano y tando abdomen encontramos algunas pollas! - Su rostro se contrajo ante el esfuerzo que hacía al sujetar aquella apisonadora implacable. Su determinación comenzó a ceder. Pero Ciriel no perdía su buen humor.

Tras cercenar un último brazo que salió volando para ser consumido por el magma que esperaba paciente desde abajo, conseguí librarme de mi torturador en pocos segundos. Unos segundos que me fueron providenciales para aprovechar mi huída a traves del volcán. De modo que salí corriendo cuesta abajo aumentando en poco tiempo el movimiento de mis piernas debido a lo empinado de aquella descendente superficie volcánica.

La criatura rodó hacia mi como una gigantesca bola de nieve echa de viva piel. A esa velocidad me alcanzaría en poco tiempo y me destruiría. Ciriel se hallaba sumergida en aquella mole ntre dedos que la mancillaban y musculos que estrangulaban su cuerpo semidesnudo. Contemplé como reía sin parar conforme daba vueltas y mas vueltas en su continuo descenso rodante.

Llegué a la base del volcán y me encaré a los barrotes de acero que protegían al titiritero. Que se concentraba en mover los hilos con sus dedos artríticos,mientras daba vueltas sobre su eje en aquella silla de escritorio. Aquel ser disfrutaba con todo aquello...
Solo contaba con una oportunidad si no quería formar parte de aquella piedra fundida en el interior del volcán.

"Eso" se acercaba con aquel entrechocar de musculos y tendones que alguna vez pertenecieron a miles de personas.

Metí la mano en lo que quedaba de mi bolsillo izquierdo y lanzé su contenido.

La suerte (si es que por aquellos lares todavía existía algun vestigio de fortuna) quiso que no fallara el tiro y el objeto se coló entre los barrotes.

El titiritero giró su cabeza para escrutar la pequeña pelota de goma que aterrizaba en el suelo metálico tras un último rebote. Un breve silencio se instauró en el ambiente y el sorprendido hombre dijo:

-Digo que este objeto pertenece a Freeman el gordo. Digo que él te lo entregó para acabar tu misión en los laberintos montañosos...

Frente a un estupefacto titiritero, una niña de no mas de un metro diez, desnuda y con una larga melena roja que envolvía sus partes pudendas, penetraba en la estancia gracias a su flexible y delgado cuerpo.

-Digo que estas muerto- Le dije con voz sátira y descarada.

Lo último que mis Hazes alumbraron tras los barrotes, fueron los intentos del pobre titiritero por quitarse a Selena de encima. Aquellos fatuos movimientos no servían para nada ante aquella salvaje fuerza sobrehumana. Con la tranquilidad e inexpresividad que la caracterizan, Selena rompía huesos con sus puños y desmenbraba carne con sus diminutos pero afilados dientes. Y pronto la pequeña sala no fue mas que un confuso revoltijo de polvareda roja.

-Come pequeña,come. Tienes que crecer-. Y me encaminé para auxiliar a Ciriel.

La mole carnal yacía desplomada sobre la ardiente roca. Cada uno de sus mienbros se hallaban paralizados en la última posición que tomaron justo antes de morir. Lo cual le confería el aspecto de una escultura blasfema.Agarré a una exahusta Ciriel entre mis brazos y nos tumbamos juntos a descansar. Justo a la vera de aquella masa monstrusosa de brazos y piernas, que en ese preciso instante, se desinflaba emitiendo gases entre sus negros surcos.

De nuevo el silencio. Las voces de nuestras cabezas pasaron a ser meros susurros lastimeros.

-Esta vez ha estado muy cerca...- me dijo ella entre agitadas respiraciones.

-Pero no olvides que nuestro poder aumenta a cada instante. Y nos tenemos el uno al otro ¿Verdad? No temas por nuestro futuro. Nuestro futuro es ahora. Un ascenso hacía el poder eterno. ¿Estas conmigo,Ciriel?

-Sí,lo estoy Kevin.

"Llegamos al final de camino. Y el camino se bifurca. Porque nada es lo que parece en el reino de Mortius el grande, aquel opuesto a Celestio. Para bien o para mal, estamos llegando al final."

-Mira ahora resulta que esa niña habla-Me dijo Ciriel divertida.

-A veces lo hace. Pero nunca en vano-. Contesté -Si el amo de todo esto es Mortius, tal vez nuestro amigo David Serra esté sentado a la vera de ese tal Celestio.

-Esté donde esté, él no se merece llevar a cabo ningun tipo de "misión" que provoque su tortura y el consiguiente entretenimiento a ese jodido Lucius- Me respondió Ciriel.

Acompañados por el sonido gutural y viscoso de Selena devorando a su presa y el calor sofocante del lugar, Ciriel y yo volvímos a intercambiar promesas de victoria y redención entre delirantes ataques de fornicación.

Ni la noche mas eterna podría haber ocultado nuestros orgasmos.






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sábado, 20 de diciembre de 2008

ELLOS ME COMERAN ( XI )

El doctor Ross volvió a dejarme delicadamente en el suelo. Aun le temblaban las manos y parecía ansioso e irritado. Me miró fijamente a los ojos por unos instantes y respiró hondo, como intentando aclarar sus ideas. Yo quería … necesitaba conocer esas ideas. ¿De qué conocía él a ese asesino? Entonces se dirigió a mí con un leve susurro de voz en mi oído:

- Cuando me gire … sal corriendo de aquí, no dejaré que te persiga.

No pensaba separarme de él, le iba a decir que no quería que se enfrentara al mounstro. Pero Szayel fue más rápido que mis palabras e inmediatamente me giró en redondo y me empujó para que corriera lejos. Antes de que pudiera volverme … él no estaba detrás. Comencé a huir, pero las fuerzas me abandonaban. Por un lado quería hacerle caso a Szayel y escapar de esa pesadilla y por otro lado no podía dejarle solo con ese animal asesino … pero qué podía hacer yo, malherida y agotada. Mi marcha cada vez era más lenta y torpe. Oía que a poca distancia de donde yo me encontraba Szayel y Jessabel forcejeaban. No podía marcharme … si él moría por mí … entonces, también yo quería dejar de vivir. Al fin me dejé vencer y caí al suelo de bruces.



Desde el suelo pude ver como Szayel golpeaba al asesino y éste como si nada volvía a levantarse recuperado. Se gritaban el uno al otro, pero casi no podía distinguir las palabras. Estaba cayendo en un estado de desfallecimiento. Estaba perdiendo mucha sangre y mi cuerpo simplemente se moría.

Jessabel no era humano, estaba claro … pero ¿cómo se mata a alguien que no se muere? Szayel era sorprendentemente fuerte y rápido, estaba casi a su mismo nivel en la pelea. Cogió unas cajas de madera con desechos tiradas en la calle y se las rompió al agresor que cayó al suelo sangrando. Fue cuando se giró en dirección a donde yo había huido y me vio tirada en el suelo. Quise gritar: ¡Estoy aquí! Pero no hizo falta ya me había visto.

- ¡Laila! - Gritó mientras corría hacia mí.

Pero nuevamente Jessabel apareció a su retaguardia golpeándolo con un trozo de madera en la cabeza. El golpe fue tal que lo desvió varios metros a su izquierda, su cuerpo cayó al suelo de la calzada rodando hasta que freno bruscamente y de un salto se puso en pié. De su frente brotó sangre que cubrió la blanca piel de su rostro. Yo apenas pude gesticular un susurro al intentar decir su nombre … empezaba a sentir como calaba en mi piel el mortecino frío del suelo de la calle … hasta llegar a mis huesos y sentir aun más dolor. Szayel dijo a voces quebrando el silencio noctámbulo:

- Déjame en paz Jessabel, no te inmiscuyas en mis asuntos.

- Tus asuntos … son mis asuntos … - De nuevo esa voz sibilante reía en la oscuridad. - No sabes lo hermoso que puede llegar a ser compartir …

Estas palabras parecieron molestar a Szayel de tal manera que corrió hacia el ufano asesino, lo agarró por sus vestiduras y lo elevó … empotrándolo contra las puntas afiladas de la reja de unos jardines. Los barrotes como lanzas atravesaron en dos el cuerpo de Jessabel y ríos de sangre brotaron de sus heridas formando tal laguna a los pies de Szayel que tuvo que retroceder para no machar sus zapatos.

- Ya es una condena compartir todo lo que comparto contigo … manchas todo lo que tocas Jessabel, a ella no la tocarás más.

Jessabel no contestó a sus palabras, pero una mueca sonriente se dibujó en sus labios rebosantes, en ese momento, de su propia sangre.

Entonces Szayel vino hacia mí … que le esperaba paciente mientras la vida me abandonaba. Me recogió del suelo y me abrazó fuerte, como si con su abrazo quisiera aferrar la poca vida que le quedaba a mi cuerpo moribundo. Me miró a los ojos y los míos devolvieron su reflejo con esperanza. Entonces besó mis fríos labios que se secaban a cada instante que transcurría. Ahora estaba a salvo … en sus brazos nada tenía que temer, así que me dejé llevar por el letargo y el sueño se apoderó de mi … desvaneciéndome en los brazos de Szayel.



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miércoles, 17 de diciembre de 2008

MENTE A LA DERIVA. 5ºParte

-¡No por favor! ¡Basta noooo soltadme!

Tengo que huir. Esto no puede estar pasando. Tiene que ser una broma.Tengo que huir...

-¡He dicho que me solteis! ¡Dejadme iiiiir!

¿Dónde estoy? Lo ultimo que recuerdo es a mí misma siendo violada brutalmente por un asqueroso negrata...Y derrepente, desperté en aquel desierto bajo una lluvia de miembros humanos...
Mi mente tiembla y se muestra reticente a colaborar. Mis recuerdos atentan contra mi cordura lanzando imagenes absurdas y jugando con mi psique.
Y esas voces en mi cabeza...

Esas voces femeninas... esas voces que arañan las capas de mi subconciente y lo resquebraja progresivamente...

-¡Soltadme putos pieles negras!



Pero aquellas manos no me soltaban.
Me encontraba en el centro de un océano de personas maltrechas,hediondas y desesperadas. Y lo que es peor,todas ellas eran gente de color.
No sé como coño han conseguido emerger tan rapido de la inescrutable oscuridad que me envolvía. Una oscuridad que anulaba completamente mi visión. Me resultaría imposible dar un solo paso sin tropezar o caer por algun agujero, de no ser por los hazes de luz que ahora irradiaban mis ojos.

Mi novio Kevin siempre decía que le encantaba esa mirada reluciente que desprendían mis ojos celestes, en contraste con la mala opinión que tenía de aquel tinte rosa de mi melena. Si me viera ahora, si pudiera verme ahora con estas "linternas" que sustituían a mis ojos...

Kevin... Si aquel accidente de coche no te hubiera alejado de mi vida... Y a ti tambien Angus, grandullón obsesionado con el hacha. Os echo tanto de menos... Desearía tanto que me sacarais del abrazo de esta pesadilla infinita...

Pero ahora ellos no estan y tengo que arreglármelas sola.
Cuando emprendíamos nuestras Inquisiciones nocturnas en Santa Gloria, el cerebro del grupo era yo ¿Verdad? Entonces esa puede ser mi arma para salir de aquí.

Si logré huir con vida de aquel vasto desierto cuyo cielo me vomitaba brazos lacerados y piernas putrefactas, puedo salir de esta sin duda alguna.

Cientos y cientos de hombres encorvados y mujeres raquíticas se lanzaban contra mí en pos de arrancarme la piel a tiras. Lo harían si tuvieran uñas. Pero los cuerpos de aquellos inmundos seres estaban inertes y gangrenados. A pesar de que podían moverse, sus movimientos eran espasmódicos y de gran parsimonia.Y con cada uno de aquellos movimientos perdían más y más partes de su ser físico. Lo cual me daba una oportunidad para poder abrirme paso entre ellos.

Imaginad un lugar oscuro como la boca del diablo. Un lugar preso de un viento cortante que penetra en tus poros y los bloquea para asfixiar tu piel.
Imaginad que mirase donde mirase, cualquiera que sea el punto iluminado por mis hazes oculares, la visión mostrada siempre era la misma; Un laberinto de montañas negras y escarpadas pobladas de plantas mustias que reían a tu paso con voces infantiles. Y creedme cuando os digo, que oír aquellas risas burlonas procedentes de hojas marchitas agrietan tu cordura de forma alarmante.

Aquellos estrechos caminos no hacian más que actuar como un infernal cuello de botella para mí y para las decenas de esos zombies negratas. Cada vez me costaba mas avanzar. Me sentía al borde del auténtico desfallecimiento. Tenía que huir. Tenía que salir de aquella telaraña humana e ignorar los numerosos rasguños y golpes que recibía desde todos los ángulos posibles.
Resultaba imposible atisbar el suelo que pisaba . Todo aquel lugar era hombres,mujeres y más hombres y más mujeres...

¡Y esas voces! ¡Mi mente me odia y me asesina! ¡Mi mente me hace reír y llorar a la vez,me hace orinar en una situación como aquella y me hace feliz a la par que desgraciada!
Mis recuerdos parecen ir borrándose al mismo ritmo con el que mi cuerpo era tumbado al suelo por enésima vez por aquellas personas de piel negra.

¿Es este el infierno? ¿El Castigo por mis crimenes?

Que asi sea.
El horror, el horror...el abrazo del horror...

Cuando siete de aquellos gimientes y convulsivos seres putrefactos se me echaron encima, sentía su saliba chorrear por mis pechos. Sus decadentes manos oscuras buscaron a tientas mi entrepierna entre gritos de monstruoso placer.

De acuerdo... que todo acabe aquí.... no...no puedo...más...


Hablé con las voces de mi mente...

Las voces de mi mente hablaron conmigo...


-¡Aaarggñññ! ¡ Voces chirriantes y cerebro podrido! ¡JAJAJAJAJAJA, señoras y señores sean bienvenidos al infierno! Pero ahora tenemos una oferta que no podran rechazar; Si se muere y nos visita ahora, sera recompensado con un par de luces implantadas en sus órbitas. ¿No es genial? Asi que ya sabe ¡Muérase! ¡JAJAJAJAJA!

Miles de ojos me observaban estupefactos. Por alguna razón, ahora nadie me atacaba. Se limitaban a rodearme como si fueran el público de un juglar callejero. Yo seguía comunicándome con mi mente a la deriva;
-¿Qué quereis voces que habitais en mi cabéza? ¿Os gusta mi larga meléna de chicle? Pues a Kevin le encantaba su hondear al viento mientras movía mis caderas una y otra vez encima de él. Lo que mas nos gustaba hacer era..¿Qué? ¿Qué misión? ¿De que hablais, voces que habitais en mi cerebro? Hacedme un favor y callaros de una vez. Ahora tengo que limpiar todo un océano de personas que desean partirme en pedazitos...

Sólo tuve que alzar un brazo y señalar la grieta que marcaba el final de aquel laberinto de montañas.

Sólo tuve que extender mi dedo índice hacia aquella boca oscura y todos los alli reunidos comenzaron a desfilar en fila india acatando mi voluntad.

Sólo tuve que señalarles el camino. Y mientras una sonrisa poblaba mis labios, todos mis atacantes fueron tirándose a ese vacio infinito que prometía aquella inmensa grieta.
Uno a uno,sin dudar,sin gritar y con los rostros pétreos y firmes, fueron saltando al abismo.

En pocos minutos ya no quedaba nadie que pudiera molestarme. El paísaje estaba ahora despejado de aquel sunami humano.

Y todo por obra de mi propia voluntad.

-¡Míra quien es ahora el amo de la situación! ¡JAJAJAJA,heyyy voces! ¡Voces que me enloqueceis pero tambien me dais el poder! Aquellos toros bravos no quieren jugar con las vacas...¿Porqué no? ¡Callaos joder,ahora no os necesito! ¡JAJAJAJA! Angus y su furia homicída... al final terminaste empotrado entre dos vehículos junto a mi amado kevin... Soy el cerebro de las Inquisiciones nocturnas...¿No veis la certeza de mis plantes trazados?

El eco de mi voz sonaba entre montañas y plantas bromistas.

Derrepente, todo el paisaje se transformó. Me vi en el centro de una metamorfosis ambiental.
Como un reflejo en el agua que se distorsiona con el arrojo de una piedra, todo a mi alrededor cambió y las montañas y sus alrededores fueron reemplazados por una inmensa pista de hielo.

Me encontraba bajo un oscuro cielo estrellado. Su visión era realmente hermosa. Despues de tanta oscuridad, aquel anochecer surcado de estrellas irrumpió en mi corazón y lo besó.
Mis hazes se empañaron con el caer de mis lagrimas.
La luz de las estrellas,la tranquilidad y esos villancicos infantiles que se oían a lo lejos.

¿Estaba de vuelta en Santa Gloria?
¿Es este el Parque de hielo al que todos venimos para festejar el fin de año?

Por favor, que sea verdad. Esos niños al fondo de la pista... decenas de ellos haciendo filigranas con sus patines nuevos y compitiendo unos con otros en aquella superficie glacial.
Y ese coro de villancicos al fondo. Ese coro de niños sonrientes reconfortaban mi espíritu con sus cantos...

Sea lo que fuera aquel lugar, ya estoy en casa. Aquel calvario fué solo una alucinación.

-Hola Ciriel ¿Qué tal?

Me sobresalté ante aquella envejecida voz y me giré para encararme a mi interlocutor.
Cuando mis Hazes de luz alumbraron su figura, no pude menos que sonreír.
Se trataba del clásico mago de cuentos de hadas. Con su larga túnica azul decorada con dibujos extraños y su gorro cónico situado sobre su larga melena gris. Todo ello acompañado claro está,de una extensa barba blanca.
Supuse que esa noche tocaba función infantil. Un número navideño para los jóvenes de la casa en el cual un mago sacaba a relucir sus triquiñuelas.

Pero me equivoqué.

La función era yo...

El anciano me habló:
-¿Sabes? Estais resultando ser una molestia. Bastante problemas tenemos ya con lo sucedido a Freeman el gordo, como para que ahora nos venga otro caso similar al de Kevin el rebelde...¿Qué pasa que ahora os ha dado a todas las almas herrantes por revelaros contra nuestro señor Mortius?

-¿De qué hablas,Quién eres tu y quién es ese tal Mortius? Supongo que eres el responsable de todo este asunto ¿Verdad? ¿Y qué sabes de Kevin?

Aquel anciano gesticuló una mueca de desagrado y me contestó:
-Ahora no estoy de humor para dar respuestas.Me llamo Hipnos. Y sí, este escenario de hielo tan navideño es cosa mía. Aunque lo de la marea de personas negras fue idea de Lucius. Le gusta ese rollo de"las víctimas se cobran su venganza frente a quienes fueron sus asesinos", y tu ayudaste a matar a muchos negros mi querida Ciriel. Por tanto,es comprensible que quieran verte sufrir y padecer toda clase de calamidades. Pero asonbrosamente te has librado de todos ellos.

-¡Largate de aqui!- le dije en un susurro casi inaudible. Pero suficiente para intimidarle.

-¿Qué me largue? ¡JA! Tu misión tendría que haber concluido entre aquellos zombies de color. Pero no te preocupes que ya me encargo yo... ¡Venga chicos a por la guapa Ciriel!

Dicho esto, los patinadores se lanzaron hacia mí en una carrera salvaje y descontrolada. No dejaban de reír y hacer piruetas, pero en esta ocasión, comenzaron a disparar afilados cuchillos hacía donde yo me encontraba. Diminutos cuchillos que salía proyectados de sus infantiles bocas sonrientes. Era como contemplar bocas de pirañas hambrientas.

Caí sobre el hielo justo a tiempo para esquivar la descarga afilada y una vez alli tendida, giré sobre mi eje para evitar que un par de cuchillas patinadoras me rebanaran en dos.
Cuando conseguí levantarme, dos niñas de no mas de cinco años cada una, me cogieron de los hombros y me volvieron a tumbar. Dejandome a merced de un tercer niño que saltaba para incrustar sus patines en mi vientre.

Logré apartarme a tiempo...

A tiempo para volver a señalar con mi dedo índice en dirección al viejo Merlín, como ya hice con aquellos atacantes negratas que acataron mis ordenes sin rechistar.

-¡Venid voces de mi cabeza! ¡JAJAJAJA! ¡Sí,sí,sííííí tengo el controoool! Control cuando conduzcas por la carretera ¿Verdad? ¡Mamá ha echo un pastel! ¡Callaos! ¡Callaos ahora voces y dejadme trabajar!
¡Obedeced mi voluntad pequeños patinadores!

-¿Qué le ocurre?-Pregunto Hipnos para sí mismo- ¿Sus voces delirantes estan por fin acabando con ella? Bueno así me ahorraré gran parte del trabajo.

-¡Matadle!- Les grité a todos los niños que minutos antes querían acabar conmigo.

Cada uno de los quince niños alli reunidos, se lanzaron contra el sorprendido mago. Imperturbables y obedientes a mi hechizo, sus infinitas descargas de punzantes cuchillos glaciares no le dieron tregua alguna.
De la mano de Hipnos emergió un fogonazo de fuego rojo que calcinó en medio segundo a uno de los niños. Quedando reducido a una masa carbonizada sobre el hielo.
Sus compañeros le ignoraron y continuaron su ataque con frenesí.
Centenares de afiladas puntas atravesaban ahora cada centímetro del cuerpo de Hipnos. Cuya pérdida de sangre fue mermando su fuerza vital.
Resignado a su implacable final, el desprevenido Hipnos disparó un último hechizo que provocó que todos y cada uno de aquellos niños traidores reventaran como uvas en plena vendimia.

Tras esto,el mago murió. Rodeado de visceras infantiles que teñían el fino hielo nocturno.

No tuve tiempo de suspirar aliviada...
Todavía no había acabado...
Aquel coro en el fondo de la pista aumentó su canto navideño. Sus alegres villancicos paralizaron mis miembros y sorbían mi fuerza de forma desmesurada.
Ellos no dejaban de reir y de cantar mientras se acercaban a mí.
Estaba tan cansada. No me quedaban fuerzas despues de doblegar la voluntad de aquellos niños en patines para que aniquilasen al mago. Y aquellas canciones mermaban mi energía,aquellos niños se acercaban cogidos de la mano y con miradas felices e infantiles, proseguían su cantar vampírico...

-¡JAJAJA,morir entre villancicos! ¿No es divertido?- y acto seguido me desplomé sobre el hielo.


Justo antes de desmayarme, mis hazes de luz captaron una figura.

Aquella figura salvadora se enfrentó al coro con determinación...

Mi vista se nublaba...

Mi vista se nublaba... pero pude comtemplar a tiempo unas enormes esquirlas de diamantes que atravesaban sin piedad los cuerpos de cada uno de aquellos niños cantarínes...





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martes, 16 de diciembre de 2008

CAMINOS

¿Qué es la vida sino un sueño sin retorno?, ¿qué es la muerte sino un abandono irreversible?... Dos caminos de un todo… un camino que seguir, que cesar… ¿porqué auto convencer a alguien que ya decidió renunciar?, ¿acaso alguien pregunta antes de crear nuevas esperanzas, nuevos sueños, nuevos pensamientos?
Es tan fácil unir dos cuerpos en un intento de amor, expresión de pasión, de compromiso, de irresponsabilidad… no pensamos, solo oímos, olemos, probamos… nada nos parece suficiente… al igual que un pensamiento lúgubre enraiza sus pies al cortex antes de la eterna despedida… nos proponemos un límite que nunca llega, una razón que no recordamos. En realidad la razón no es un grato invitado en esta partida de cartas tan peculiar, nunca estuvo presente… ella no tiene oídos, ni olfato, ni tacto… así como en una partida de póker no gana siempre el que más ases esconde bajo la manga, sino el jugador de más faroles…
Cuando por fin recogemos lo sembrado, cuando somos conscientes de lo efímero, de lo mínimo, de lo iracundo… nos sentimos tan desprotegidos frente a la vida, frente a la muerte… nos quejamos impacientes por aquello que no llega, que deseamos con fervor… nos armamos con valor para el futuro,… efímero, si,… como la razón y la libertad de escoger, como el llanto de un hijo que decide hacerse oír entre cuatro paredes… como la muerte que sonríe bajo la colcha que recubre un cuerpo desgastado y maltrecho…
Dos partes de un mismo sendero que comenzar… que terminar… una vida regalada para vivir o morir, para soñar o abandonar, decidir nuestro lugar de tránsito… para bien o para mal…

“Nunca dejes de caminar”

>> - Reithenya - <<

MENTE A LA DERIVA. 4ºParte

El desierto dio paso a las montañas.


Con mi visión enfocada en todas direcciones, los hazes de luz que ocupaban mis cuencas oculares me permitían verlo todo con claridad en un radio de cincuenta metros aproximadamente.
Aquel paisaje no era tan desamparante como el anterior,pero estaba igualmente sumido en las mas negras fauces nocturnas.

Una gran cadena montañosa interrumpía un desierto cuyo suelo ahora estaba completamente cubierto de miembros. Las montañas lucían unos picos puntiagudos que se alzaban majestuosos ante mí.

Como si una mano con miles de apéndices afilados que arañaban el cielo se tratase, aquel paraje sugería un refugio más que razonable frente al frío punzante que el desértico terreno me regalaba.

Desde que fuera hipnotizado por aquel viejo demente del piso veintiuno, las voces de mi cabeza habían redoblado su intensidad.

Esos gritos de mujeres enfermas y lastimeras...

¿Tambien era cosa de Lucius? ¿Quizá de Agatha Lugosi, aquella tentadora mujer vestida de rosa cuya mascota era el joven afroamericano asesinado por Angus?


Me adentré en aquellas gigantescas montañas.

Tras varias horas de interminable sendero entre húmedas paredes de roca negra y follaje de plantas que reían a mi paso con voz propia, mis ojos alumbraron un agujero perfectamente redondo en la base de una de las montañas que cerraban el sendero principal.

Era la entrada a una cueva. Y aquel lugar parecía desprender un calor acogedor que susurraba promesas de vida y comodidades. De modo que agaché mi cuerpo frente al umbral del refugio y entré.

Una rotunda voz me dio la bienvenida:

-¡Mira,tenemos invitados! ¡Selena! ¡Selena espavila y trae más carne del saco! Pasa. Pasa mi querida alma castigada-.

La estancia era de bajo techo cavernoso y su humedad se hacía evidente.Pero en el fondo de la estrecha cueva miles de destellos danzantes procedentes de una cálida hoguera aportaban un calor creciente conforme te dirigías hacia aquel providencial campamento.

Un hombre obeso y enfundado con una camisa de verde pana arrugada se hallaba sentado sobre un tronco comiendo un gran muslo de pollo casi tan grasiento como él. Sobre el fuego ardían mas víveres. Supuse que sabían de mi llegada.

Junto a ese hombre sudoroso y de rostro feliz ( me recordaba tanto a Lucius), una niña de no mas de quince años, se postraba a su lado con las piernas encogidas contra su diminuto pecho. Casi todo su rostro se encontraba sumergido en una gran maraña de melena roja. Tan solo llegué a escrutar entre mechones de pelo sucio, unos almendrados ojos dorados.

Aquellos ojos relucientes parecían desafiarme tras esa descuidada selva peluda. Su cuerpo era bello e igualmente víctima de su largísima melena. Cuya extensión tambien protegía del exterior su evidente desnudez.


-Disculpa a Selena.No es buena inquilína. Me llamo Freeman.Pero para ti, Freeman el Gordo-. Arqueó su espalda para cambiar de postura y al hacerlo, el ombligo asomó por su camisa sudada.


-¿¡Bueno, y cómo te ha ido con el viejo Hipnos!? Mira que le digo que salga alguna vez de su apestoso laboratorio. Pero no hay manera-. Al decir esto,arrojó un trozo de muslo a Selena. Que devoró con rapidez presa de un salvajismo hambriento.


-¿Te refieres al mago que provoca truenos,relámpagos y lluvias de extremidades contra mí? No. No me ha ido muy bien con él. Ni con él ni con nadie de este puto lugar-. Mientras yo hablaba,obviamente las voces de mi cabeza silenciaron su llanto. Como ocurría cada vez que hablaba con alguno de aquellos seres de inframundo.

-¡Jajajajaja! ¡Bueno, te pasaste cuatro años matando personas con tus dos amigos! ¿Qué esperabas? Hipnos tiene un sentido del humor un poco mas crudo que el mío y el de mi hermano Lucius-.

Con esta última revelación me sobresalté un poco ¿Entonces eran hermanos? El parecido estaba claro.

-Además- Prosiguió Freeman -¿Para qué se te otorgaron los Hazes de luz si no te paras a mirar las cosas? Si hubieses bajado la mirada te habrías percatado de que todas esas extremidades amputadas que caían del cielo pertenecen a personas de raza negra. A Hipnos le pareció bien eso de que fueras golpeado por el peso de tus propias víctimas.Tu amigo Angus tambien pasó por eso antes de concluir su misión-.


-Cuando hablas de "misión",te refieres a la forma que teneis de manejarnos como títeres hacia nuestra destrucción ¿Verdad? No quieras dártelas de salvador conmigo...


"Purgatorio. Sí,sí,sí. El Purgatorio es lo que es. Lo que ves es lo que hay. Todo es muerte en el reino de Mortius el grande. Todo es muerte si pretendes darle paz a tu alma impía. Sí,sí,sí. es lo que hay. Y lo que hay es el Purgatorio".

-¡Anda mira, ya le ha dado por hablar! Ahora nos interrumpirá en varias ocasiones- Freeman posó su mano en la melena roja de Selena y le propinó dulces caricias paternales.Acto seguido, prosiguió su charla;

-Aunque no debes despreciar nunca cada una de sus palabras. Porque siempre dicen verdad. Su corazón es salvaje pero sincero-.

Selena volvió a hundir su cara en la carne que con tanta ansia devoraba.

-Entonces... este lugar... es... es ¿El infierno eterno?- Mi voz sonaba apagada y quejumbrosa.No quería creerlo. Pero todo encajaba.


Freeman volvió a reírse:

-Bueno, eterno no. Solo el tiempo que dure tu misión-. Freeman me alargó su rechoncha mano.

-Deduzco que quieres el pequeño souvenir que me dijo Hipnos que te entregara. Cogelo si quieres-. Metí mi mano en el bolsillo y le di el pequeño saquito de cuero que me cedió el viejo Hipnos. Alegrandome en cierto modo de poder desprenderme de algo entregado por un ser tan absurdo y misterioso.


Freeman el Gordo vació el contenido de la bolsita y de ella cayó una pelota rosa que fue inmediatamente atrapada al vuelo por los dientes de Selena. El corpulento hombre sonrió divertido ante la escena.

Selena se quedo jugando como un perro con aquella pelotita de goma sin prestar la menor atención.No sin antes decir con su voz aguda e inocente:



"Purgatorio. Sí. Tu misión se acaba. Tu muerte llega. Vete de aquí.Vete de aquí. Sí,sí,sí. Vete de aquí. Con tu muerte marcharas. Mortius te espera. Está hambriento. Come,come y come mucho. Son muchas las almas que debe devorar día tras día. Ya que son muchos los humanos perversos que mueren"

-Ahora escuchame atentamente, Lucecitas. Mientras tengas esa pelota en tu poder, Selena no te matará. Debes llevarla contigo en todo momento. Pues se trata de su juguete favorito. Ella te guiara hasta el final de tu misión. Tírala y veras como su larga melena roja hondea el viento en pos de su busqueda. Cada vez que la arrojes, el recorrido que siga Selena sera el que sigas tu.¿Lo has entendido?- Freeman comenzó a morder la carne que se cocía con las llamas. Como si estuviera tratando con asuntos cotidianos del día a día. Probablemente para él, de eso se trataba.

-Tendría que haber impedido que Angus me acompañase en el coche. De haberlo hecho, aquel accidente solo se hubiese cobrado mi vida...Y él... no tendría que haber acabado aqui...

Sentí desvanecerme.

-De modo que recuerdas el accidente. Veo que Hipnos hizo muy buen trabajo despejandote la sesera ¿no? De todos modos, los humanos teneis cita con la muerte desde el momento en que naceis. Unos mas tarde,otros mas temprano. Pero vuestra existencia no es mas que una cuenta atras. Y son vuestros actos los que os juzgaran-. Freeman continuaba comiendo sin tan siquiera mirarme.

Al verme cabizbajo, el obeso hermano de Lucius añadió:

-Tu amiga Ciriel todavía esta viva.Pero por lo que sé, no le queda mucho. Sera violada y asesinada por uno de esos negratas que tanto odiais.Otra alma más para saciar el estomago de Mortius...

Mi mente creció.

Las voces femeninas crecieron.

Gritaban y se agarraban a mi consciencia. Volvían a despedazarme la mente en trozos diminutos y afilados.

De nuevo mis recuerdos fueron distorsionados,deformados y mancillados.

Me atacaban. Mis pensamientos me atacaban. Mis sentidos se confundían unos con otros.

Deformados,deformados,deformados...Todo marcha atras, Todo en desorden.

Mis oídos miraban,mi boca veía y mis ojos olían.

Mis ojos alumbran...mis ojos... mis... ¡Mis ojos alumbran el camino!

¡Nadie maneja mi destino! Soy... ¡JAJAJAJAJA! Soy... ¡El lucecitas..! ¡JAJAJAJA!

Niños ardiendo,corazones borrachos,¡¡Abracadabra y adivina adivinanza!! ¿Qué tiene el rey en la panza? ¿Qué panza? ¡Pues la de Freeman el Gordo! JAJAJAJAJA

¡Venid voces a mí! ¡No,no y no! ¡Soy yo el que va a vosotras,voces suplicantes y chifladas que atacais mi libre albedrio, yo os controlaré a vosotras a mi antojo!

Freeman me miraba perplejo por primera vez:

-¿Pero que coño..?-

Fué lo último que dijo.

Yo reía y gritaba a la oscura cueva:

-¡Mirad todos! ¡Mirad lo que hago! JAJAJA Diamantes afilados. Sí... diamantes afilados y una dama de traje rosa. Rosa como el pelo de Ciriel. ¡Bravo, he descubierto el pastel jajajaja!-

Freeman avanzó hacia mí desesperado y decidido al parecer, en acabar con mi misión alli mismo.

Mis manos se transformaron por segunda vez en aquellos diamantes afilados. Pero esta vez su tamaño doblaba mi estatura por tres veces. La luz de mis hazes realzaron su belleza cuando los contemplé.Sus dimensiones no fueron impedimentos para poder manejarlos con destreza.

Freeman gesticuló algo incomprensible para mí y toda la estancia comenzó vibrar formando una espesa niebla candente. Sentí la asfixia que aquella invocación provocaba en mí. Pero ya era tarde para cualquier conjuro u artimaña. Mis relucientes amigas trincharon su seboso cuerpo en pocas fracciones de segundo y la niebla se disipó junto a los espasmos agónicos de Freeman. Arrojé su "inmortal"cadaver al fuego.

Las llamas realizaban su trabajo con parsimonia. Y pronto la cueva se impregnó de un olor acre.Un olor delicioso para la distraída Selena.

Mientras tanto yo discutía con las voces de mi cabeza.

-Ahí tienes tu cena, pequeña salvaje. ¡Boca pastosa de tritón! ¡Pelo de chicle como el de Ciriel! Treinta años he vivído. ¿No hay canciones que hablen de los hombes con treinta tacos? ¡No,no y no! argñ... ¡Callaos todas,estupidas voces que no me dejais hablar!-

Selena me escrutaba impasible,como si no escuchara nada.

-Venga niña, come. Que estas en el crecimiento-.

Esto último si parecio oírlo y la niña desnuda se acercó al fuego y comenzó a comerse los restos mortales de Freeman directamente del fuego. Situación que aprobeché para coger la pelota:-

Ya eres mía, guapa- añadí para mis adentros.

Llevaré a cabo mi destino a mi manera y no a la de ellos.

Almas torturadas que anhelais acabar vuestro calvario en las fauces de Mortius. Os compadezco...¡Jajajajaja os compadezo de veras!
Soy un alma en pena. ¡Jajaja que pena mas chistosa! Arrrgññ ¡Malditas voces...callaos de una puta vez!

¿Vas a morir Ciriel, seras violada y asesinada? No temas amor mío. Te protegeré. El delirio que me ofrecen estas voces chirriantes es mi arma. La locura es mi amor. El amor por nuestras vidas.

-¡Serena recoge tus cosas,nos vamos!
La joven salvaje obedeció.

Lucius,Agatha e Hipnos... Voy a por vosotros asi que..¡Juguemos!



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lunes, 15 de diciembre de 2008

MENTE A LA DERIVA. 3ºParte

-Espera un segundo.


-No abras los ojos.


-Ahora... dime que ves.


Las imagenes desfilaban frente a mí como fotogramas de una película muda. Todas ellas mostraban fragmentos de vida pasada. De una vida que ahora se me antojaba como una químera de la que un día disfruté.


El tacto frío y sedoso de aquella mano posada en mi frente no hacía mas que potenciar aun mas aquel desfile autobiográfico. Era ese extraño poder procedente del inquilino del piso veintiuno,el causante de la abertura del compartimento de mis memorias. Memorias que hasta ahora estaban siendo destrozadas por mi propio cerebro enloquecido y poblado de incesantes voces femeninas.



Aquella hipnosis era tranquilizadora y sedante.


Era como estar envuelto entre los brazos de la persona que mas adoras en el mundo.


-Veo... me veo a mí. Si. Soy yo. Pero no estoy solo.


Aquella voz rotunda y envejecida volvió a hablar:


-¿Qué edad tienes en este momento? ¿Recuerdas como te llamas?- Su mano no cesaba de transmitirme aquella energía fraternal.


-Estamos todos en el Parque Mayor de Santa Gloria; Ciriel, la preciosa joya del barrio y Angus el grandullón. Espera... Tambien está David Serra,el tapón -.


Al recordar esto ultimo, eché reir. Algo a lo que me estaba acostumbrando ultimamente. A reírme en las situaciones mas abstractas.


-Continua hablando joven-. Me instó la misteriosa silueta encorvada de voz envejecida.


-Si. Fué en aquel parque donde ocurrió. Fue en ese momento cuando nuestras vidas tomaron rumbos completamente distintos entre sí.

Excepto David que era cinco años mayor que todos nosotros, los demas contábamos con veintitun inviernos cada uno. Pero eso ocurrió hace mas de doce años.

No tengo porqué... no puedo... ¡No! ¡No! ¡No debo hacerlo!- Fue lo ultimó que dije antes de abrir mis hazes de luz e iluminar por fin el rostro de mi hipnótico interlocutor.

Ante mí se encontraba el clásico "Merlín" de las leyendas Artúricas. Lucía una larga barba blanca que llegaba a rozar el suelo. Iba vestido con una túnica celeste de mangas anchas y caídas. Su aspecto podría considerarse cómico de no ser porque sus ropajes no mostraban estrellas plateadas como las del popular hechicero, no. Los suyos eran decorados que consistían en miles de brazos,piernas y cabezas amputadas.


-¿Fuiste tu el causante de aquella lluvia en el desierto?- pregunté abriendo los Hazes de luz que sustituían mis ojos.


-Eso es irrelevante para llevar a cabo tu cometido...

Con una sonrisa de abuelo enternecido me susurró:

-Debes recordar. Estas aquí por eso. Es tu salvoconducto para completar tu misión. ¿Quieres respuestas? Pues entonces sumergete de nuevo en las mareas hipnóticas de mi poder. En el fondo quieres hacerlo-. Sus ojos celestes se cerraron mostrando su mejor gesto de cariño fingido.


-He intentado olvidar... He intentanto tanto olvidar...- Cerré los ojos y volví a caer en el abrazo de los recuerdos.


Fue hace catorce años. catorce años...


Di una última calada a mi cigarro antes de aplastarlo contra el pavimento del parque.
Ciriel se agarraba a mi brazo y me devoraba con la mirada a cada segundo. David Serra sonreía de forma pícara al vernos asi. Angus solía decirme en no pocas ocasiones, que Dios da pan a quien no tiene dientes. Dándome a entender que tenía que gozar más la gran suerte que me envolvía por haberme ganado el corazón de Ciriel practicamente sin hacer nada. Cuando incluso el mismo Angus, que era grande y corpulento pero no por ello feo, había fracasado en incontables intentos.Y eso que su corto pelo pelirrojo pelado en punta, era motivo de atracción en nuestro barrio. Eso, sumado a su redondo y pálido rostro. Que le confería ese toque de niño grande sobrealimentado.


-¿Y si vamos a tomar algo? En el Bar stum debe haber mas ambiente a estas horas de la tarde. Podríamos coger un pedo e irnos al cine para contar los finales de todas las pelis que hemos visto a la gente que haga cola-. Dijo Ciriel entre risas.


La joven y rebelde Ciriel. Su larga cabellera rubia lucía ahora un tinte rosa de lo mas pintoresco. Algo que se convirtió en la diana perfecta para nuestras burlas durante al menos un mes entero. Angus y yo la llamábamos Pelo chicle.


Ella era la mas mezquina de todos. La mas manipuladora llegado el momento de actuar o planear alguna de nuestras "Inquisiciones".
Sí. Asi llamábamos a nuestras escapaditas nocturnas; Inquisiciones.


Ciriel solía citar un lugar y Angus planeaba todo el modus operandi. Todo ello a escondidas de nuestro asustadizo e inocente amigo David Serra.


Nuestro amigo David Serra no sabía que salíamos a matar personas.


Personas de sangre mancillada,impura e insultante para nuestra decadente sociedad.


No. Nuestro amigo David Serra no sabía nada de eso. Era demasido inocente.


Normalmente nos basabamos en el metodo "Conmigo puedes tener un polvo facil esta noche" llevado a cabo por Ciriel.

Mi atractiva e implacable novia frecuentaba los lugares en los que habíamos avistado nuestro futuro cadáver y ella procedía a firtrear con el negrata o sudaca de turno. Cuando lo tenía metido en el bolsillo, ambos se dirigían al presunto apartamento de ella y al doblar la esquina de la calle Bermont ( la oscuridad de aquella zona era perfecta para nuestras acciones), Angus y yo salíamos a escena.


Por lo general era yo quien ejecutaba a todos aquellos despojos de la ciudad. Pero cuando era alguien corpulento y resistente frente a los ataques físicos, Angus era el que los reducía. Y lo hacía en pocos segundos ademas.


Mi táctica se basaba en la tortura.

Disfrutaba haciendoles sufrir antes de segar sus vidas.

Nunca llegué a compartir la forma rapida con la que Angus ejecutaba sus Inquisiciones; Les aplastaba el cráneo con el hacha de su padre. Provocando una muerte instantanea y una posterior lluvia de sangre. Acompañadas de una materia gris ansiosa por filtrarse atraves de la abertura del cráneo para llegar a posarse en el frío asfalto de la noche.


Mi método era mucho mas atractivo.

Mi método se basaba en innumerables punzadas por todo el cuerpo. Provocadas por un diamante afilado a modo de chuchillo. Sus puñaladas eran letales. Con cada acometida, un profundo agujero aparecía en los tendones para vomitar sangre de forma implacable y veloz. Por lo que mi victima comenzaba a perder el conocimiento antes de poder defenderse. Y en diez segundos, ya estaba seco,gris e inerte. Aquel diamante era letal.

Aquel diamante mortífero. Me encantaban los diamantes...

-Eramos felices limpiando las calles de Santa Gloria. Nuestras inquisiciones a espaldas de nuestro amigo David Serra duraron mas de cuatro años y nunca dejábamos pruebas. Eramos demasiado astutos e implacables-.


En medio de mi hipnosis el anciano volvió a hablar:

-Hasta que ocurrió ¿Verdad? aquella tarde en el parque. Reprimiste aquel suceso pero ahora debes recordarlo-.


El hechicero aderezaba su voz llena de dulzura con un toque de malicia e ironía contenida. Yo sabía que él estaba disfrutando con el dolor de mis recuerdos...


David Serra gritó a pleno pulmón:

¡ Angus por favor no lo hagas, no puedo creer que puedas pensar de esta forma! ¿Qué te ocurre?¿Qué fantasma de vuestra personalidad me habeis estado mostrando durante tantos años? ¡Sois mis mejores amigos!


Aquello me dolió. Mi amigo estaba en pleno ataque de nervios. Acababa de descubrir toda la verdad sobre sus tres amigos. Sus ojos se teñían de lagrimas.


Fué por culpa de aquel afroamericano. Apareció por ahí y se atrevió a saludar con ese descaro a Angus... "Buenas tardes hermano" le dijo. Y se fué con ese paso danzarín de indiferencia detestable.

¿Buenas tardes hermano? ¿Quien coño se cree ese para tratar de igual a igual a mi amigo Angus?
Por supuesto el grandullón le cortó el paso y comenzó a provocarle mediante empujones. Razón no le faltaba. Yo estaba de su parte.

-¡Eres un perro! ¡Ponte a cuatro patas como perro que eres! - le gritaba Angus.


El joven afroamericano parecía perplejo. Angus insistió:


-¡Qué andes a cuatro patas te digo,puto perro negro! ¿Necesitas que te traiga la correa, perrito de color rosita? ¡Sí Jajajaja, rosa como el pelo chicle de Ciriel!


Aquel joven no quería entrar en polémicas y cuando se giró para escabullirse de allí, mi colega sacó su hacha del maletero de su coche. Y sin pensarselo dos veces, hundió su filo en pleno rostro de aquel infeliz.

Lo ejecutó en pleno día. Dejandose llevar por su íra. Olvidándose del Modus Operandi de nuestras inquisiciones.


En el momento en que el arma fue incrustada en la cara de aquel negrata, dos tibios chorros salieron de los laterales del craneo salpicando a David. Que ahora estaba horrorizado y emitiendo unos sonidos guturales de su garganta. Seguramente, intentando articular palabra.


-Bueno sera mejor que nos llevemos el cadaver. Es posible que hallan oído los gritos del grandullón por los alrededores. No te quedes ahí parado David. Era un puto negro. Solo eso- Dijo Ciriel con cínica indiferencia.


-Solo he matado a un perro. Un perro rabioso- Soltó Angus.


-¡Estais todos locos! ¡Todos! Llamaré a la policía ¡No dudeis de que lo haré! - dicho esto, David Serra salió escopetado hacia la comisaría local de Santa Gloria.


-¡Angus,no!-

Pero no pude retenerle. Lanzó su hacha (cuyo filo llevaba adherido tiras de piel negra) con una fuerza bestial y alcanzó a Serra en la nuca.


Un único esputo de masa sanquinolenta (probablemente su lengua) salió de su boca antes de caer muerto al suelo. Abandonó el mundo de los vivos con aquel rostro de sorpresa fatídica.


-Mejor un amigo muerto que tres en la carcel- Dijo Ciriel besandome el cuello. Cosas como aquella la ponían a mil.


Y a mi tambien.

No supe explicarlo, pero en aquel momento estaba muy exitado. Aunque en días posteriores, vertí incontables lagrimas por mi pobre amigo asesinado. Así como tambien lloraron Angus y Ciriel.


El anciano chasqueó los dedos y me hizo despertar. Estaba aturdido y tembloroso despues de haber desenterrado aquellos recuerdos tan lejanos.

-Bueno. Jovencito cuyo nombre no recuerdas todavía, ¿Has comprendido por fin tu misión? ¿Recuerdas el nombre de aquel afroamericano?- me preguntó aquel vejestorio.
-Huméd. Se llamaba Huméd-. Contesté con voz queda.

-Bueno tu amiguito Angus ya a pagado el precio. Fué a Lucius al que se le ocurió la idea de ser tu amigo mas grandote quien acabara neutralizado por tus propias manos. Ese era el final de su misión. ¡Y has jugado tu papel de maravilla! ¡Usaste la misma arma que empleabas en tus inquisiciones, aquel diamante mortal ! Eso ya fue idea de Agatha Lugosi. Los diamantes te encantaban ¿Verdad? No era facil hacerle frente al grandullón con semejante hacha en su poder.
Agatha Lugosi...aquella mujer de rosa ¿Tambien conocía mi vida pasada?

El anciano me entregó una pequeña bolsita de cuero y continuó con sus felices parloteos.

-Aunque eso si, tienes que encargarte de realizar tu propia misión. Y la tuya es mucho mas larga que la de tu bruto compañero Angus. Tan solo la de Ciriel te supera. Porque claro, ella todavía está viva y su misión no ha empezado. Entrega esta bolsa a Freeman el Gordo. Lo veras cuando salgas de este hotel-.

Con un fogonazo procedente de sus manos extendidas, me teletransportó de nuevo al negro desierto exterior.

Abrí los hazes de luz ocular y estos me alumbraron el camino a seguir.

Otra vez esas voces en mi cabeza asi como o otra vez me hallaba en el mismo desierto donde desperté por vez primera.

Otra vez comenzó a llover extremidades cercenadas mientras sonaba una risa anciana desde el lejano edifico.

-Lo siento David... Lo siento Angus. De haber sabido que eras tu, habría evitado enfrentarme a ti- Alzé los brazos para protegerme de los golpes que recibía por parte de la lluvía de miembros...

-¿Te crees muy gracioso con estas tormentas verdad viejo?- Reanudé la marcha.

Yo no soy Angus.

Acabaré mi misión a mi manera. No a la de ellos.

Reí.

En aquel momento, solo me apetecía reir.





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PRONOMBRES...

¿Quién llora por ti? … YO
¿Quién decide? …
¿Quién vive tu presente? … ELLA
¿Quién desea amarte? … NOSOTRAS
¿Quiénes se besarán? … VOSOTROS
¿Quién me sostendrá y calmará mi dolor? … ELLOS


Qué bonito sería si todas las respuestas a mis preguntas fueran los pronombres TÚ y YO

>> - Reithenya - <<

El candidato

Este relato no es ni mucho menos mío,
es del grandísimo Henry Slesar,
pero
desde pequeño siempre me ha gustado mucho.
Que lo disfrutéis...


“La valía de un hombre puede juzgarse por el calibre de sus enemigos.”
Burton Grunzer, tras encontrar esa frase en una biografía publicada en un libreo de los llamados “de bolsillo”, que había comprado en un quiosco de periódicos, se puso el libro sobre las rodillas y miró pensativamente por la oscura ventanilla del tren.
La oscuridad azogaba el cristal, no proporcionándole otra visión que la de su propia imagen; pero eso parecía adecuado al curso de sus pensamientos.
¿Cuántas personas eran enemigas de aquel semblante, de ojos medio cerrados por la miopía, que una estúpida presunción se negaba a corregirla por medio de gafas; de nariz que el titulaba para si ‘patricia’, y de boca agradable cuando estaba cerrada y dura cuando se animaba por la palabra, la sonrisa o el fruncimiento?
- ¿Cuántos enemigos? – musitó Grunzer -.



Era capaz de nombrar unos pocos; de adivinar otros. Pero lo que importaba era el calibre de ellos. Así, por ejemplo, hombres como Whitman Hayes eran para él adversarios de veinticuatro quilates. Grunzer sonrió, echando una mirada de soslayo al ocupante del asiento de al lado, pues no deseaba que nadie adivinase sus pensamientos secretos.
Grunzer tenía treinta y cuatro años; Hayes era dos veces mayor que él, con cabellos blancos, sinónimo de experiencia. Un enemigo del que se podía estar orgulloso. Hayes conocía perfectamente el negocio de la alimentación, lo conocía desde todos los ángulos: durante seis años había sido descargador; durante diez, corredor, y un magnífico presidente de la Compañía de Alimentación durante veinte años, antes que el anciano lo hubiese introducido en la organización para sentarlo a su diestra. No era fácil empalar a Hayes, y eso hacía que los pequeños pero interesantes triunfos de Grunzer fueran más agradables. Se congratulaba por ello. Había desvirtuado las ventajas de Hayes en las rebajas; había conseguido que sus muchos años apareciesen como equivalentes a senectud y a excesiva duración de vida. En las reuniones, había concentrado sus objetivos sobre el nuevo supermercado y el fenómeno suburbano para demostrar al anciano que los tiempos habían cambiado, que el pasado estaba muerto, que se necesitaban nuevas tácticas mercantiles y que solamente un hombre joven podía llevarlas a cabo…
De repente se sintió deprimido. Su gozo al recordar sus victorias le producía mal sabor de boca. Sí, había ganado algunas batallas menores en el salón de reuniones de la compañía; había conseguido que la rubicunda cara de Hayes enrojeciera; había observado como la apergaminada piel del anciano se arrugaba en una mueca socarrona. Pero, ¿qué había conseguido? Hayes parecía más seguro de sí mismo que nunca… El anciano estaba prevenido ante su advertencia…
Cuando llegó a su casa, más tarde de lo acostumbrado, su esposa, Jean no le hizo preguntas. Después de ocho años de matrimonio infecundo conocía a su marido perfectamente, y ella, con muchísima inteligencia, no le ofrecía más que un tranquilo saludo, una comida caliente y el correo diario. Grunzer miró a la ligera anuncios y circulares. Encontró una carta sin sello. Se la guardó en el bolsillo del pantalón, reservándola para una lectura privada, y terminó la comida en silencio.
Después de cenar, Jean sugirió ir al cine y él accedió: le apasionaban las películas violentas. Pero antes de salir se encerró en el cuarto de baño y abrió la carta. Su membrete decía: Sociedad para la Acción Unida. El remitente, cierta lista de correos. Leyó:

'Estimado mister Grunzer:
Nos ha sugerido su nombre un conocido mutuo. Nuestra organización realiza una misión desacostumbrada que no podemos describir en esta carta, pero que usted puede considerar de inusitado interés. Nos agradaría celebrar con usted una entrevista privada cuando más le conviniera. Si no hemos recibido de usted comunicación en contra durante los próximos días, nos tomaremos la libertad de llamarle a su oficina.”

Estaba firmada: Carl Tucker, secretario. En una línea muy fina, al final de la página se leía: Esta organización no es benéfica.
Su primera reacción fue defensiva. Sospechaba un ataque encubierto a su portamonedas. Su segunda reacción fue de curiosidad. Se dirigió al dormitorio y localizó la guía telefónica; pero no encontró en ella ninguna sociedad que respondiera al membrete de la carta.
- Muy bien, señor Tucker – pensó torcidamente -. Morderé el anzuelo -.

Al no recibir ninguna llamada telefónica durante los tres días siguientes, aumentó su curiosidad. Pero al llegar el viernes, olvidó la promesa de la carta en el revoltillo de los asuntos de la oficina. El anciano convocó una reunión con la división de los productos panaderos. Grunzer se sentó junto a Whitman Hayes en la mesa de conferencia, dispuesto a encontrar errores en su exposición. Casi lo consiguió en un momento dado; pero Eckhardt, el director de los productos de panadería, habló en defensa del punto de vista de Hayes. Eckhardt llevaba en la compañía solamente un año, pero era evidente que ya había elegido al lado de quien situarse. Grunzer le miró fijamente y reservó un sitio para Eckhardt en la cámara de odios de su mente.
A las tres llamó Carl Tucker.
- ¿Mister Grunzer? – la voz era cordial, hasta jovial -. Como no he tenido ninguna noticia de usted, supuse que no le importaría que le llamara hoy. ¿Hay alguna posibilidad de que podamos reunirnos en alguna parte? -.
- Bueno, si usted puede adelantarme algo, señor Tucker… -.
La risita fue sonora.
- He de advertirle que no somos una organización caritativa, mister Grunzer. Se lo advierto por si usted lo creyó así. Ni tampoco vendemos nada. Somos, más o menos, un grupo de servicio voluntario; en la actualidad, nuestros socios pasan del millar -.
- Para decirle la verdad, nunca oí hablar de usted – gruñó Grunzer -.
- No, claro que no, y ése es un voto a su favor. Creo que lo comprenderá usted todo cuando le hable de nosotros. Puedo estar en su despacho dentro de quince minutos, a menos que usted desee que nos reunamos otro día.
Grunzer miró el calendario.
- De acuerdo, señor Tucker. Es un día muy a propósito para mí -.
- ¡Estupendo! Enseguida estoy con usted.
Tucker llegó pronto. Cuando entró en el despacho, los ojos de Grunzer se posaron con disgusto en la cartera que el hombre llevaba en la mano derecha. Pero se sintió mucho mejor cuando Tucker, un hombre simpático, de unos sesenta años escasos y rostro pequeño y agradable, comenzó a hablar.
- Ha sido muy amable por su parte, mister Grunzer, concediéndome una entrevista. Créalo: no estoy aquí para hacerle un seguro ni para venderle hojillas de afeitar. Aunque quisiera, no podría hacerlo; soy un corredor en la reserva. No obstante, el tema que quiero discutir con usted es más bien… privado; por tanto, tendré que pedirle a usted que, en cierto punto, sea indulgente conmigo. ¿Puedo cerrar la puerta?
- Claro que sí – Respondió Grunzer, confundió -.
Tucker la cerró, acercó más la silla y dijo:
- La cuestión es la siguiente: lo que he de decir tiene que permanecer en el más estricto secreto. Absolutamente confidencial. Si usted traiciona esta confidencia, si usted da publicidad, en la forma que sea, a los fines de nuestra sociedad, las consecuencias pueden ser de lo más desagradables. ¿Estamos de acuerdo?
Grunzer, frunciendo el ceño, asintió.
- ¡Magnífico!
El visitante abrió la cartera y sacó un manuscrito grapado.
- La sociedad ha preparado este pequeño esquema sobre nuestra filosofía básica, pero no voy a cansarle leyéndoselo. Iré derecho al meollo del asunto. Usted puede no estar conforme con nuestro primer principio, y a mi me gustaría saberlo enseguida.
- ¿Qué quiere indicar con ‘primer principio’?
- Pues… - Tucker se ruborizó ligeramente -, diciéndolo en forma cruda, mister Grunzer, la Sociedad para la Acción Unida cree que… algunas personas no son aptas para vivir -.
Alzó los ojos rápidamente, como si estuviera ansioso de captar la reacción inmediata.
- Bien, ya lo he dicho – se echó a reír, con cierto alivio -. Algunos de nuestros socios no cree en mi acercamiento directo; consideran que el argumento ha de ser expuesto más discretamente. Pero, con franqueza, yo he obtenido magníficos resultados actuando de esta forma cruda. ¿Qué piensa usted sobre lo que acabo de decirle, mister Grunzer? -.
- No sé. Me parece que nunca he pensado mucho sobre el particular -.
- ¿Estuvo usted en la guerra, mister Grunzer? -.
- Sí, en la Marina – contestó Grunzer acariciándose la barbilla -. Supongo que entonces consideraba que los japoneses no eran dignos de vivir. Tal vez existan otros casos. Quiero decir que creo en el castigo capital. Los asesinos, los violadores, los pervertidos, los malvados…, creo que no merecen vivir-.
- ¡Ah! – exclamó Tucker – Entonces usted acepta, realmente, nuestro primer principio. Es cuestión de categoría, ¿verdad? -.
- Sí, puede considerarse así -.
- Bien. Ahora trataremos otra áspera cuestión. ¿Desea usted… personalmente… qué alguien muera? ¡Oh! No me refiero a esos deseos casuales, imprecisos, que todo el mundo siente, sino al deseo real, profundo, claro, por la muerte de alguien que usted crea que no merece vivir… ¿Lo ha experimentado alguna vez? -.
- Claro que sí – respondió francamente Grunzer -. Indudablemente, lo he experimentado -.
- En su opinión, ¿considera usted, a veces, que la salida de alguien de este mundo sería beneficiosa? -.
Grunzer sonrió.
- ¿Cómo?... ¿Pertenece usted, acaso, a alguna asociación criminal, dedicada a ‘despachar’ a la gente? -.
Tucker se rió por lo bajo.
- No totalmente, mister Grunzer, no totalmente. En nuestros métodos o procedimientos no existe ningún aspecto criminal. Absolutamente. Admitiré que somos ‘una sociedad secreta’, pero no La Mano Negra. Se asombraría usted de la calidad de nuestros asociados, que incluyen hasta miembros de la profesión legal. ¿Quiere usted que le explique como empezó a funcionar la sociedad? -.
Grunzer asintió.
- Empezó con dos hombres. No puedo revelarle sus nombres. Fue en el año mil novecientos cuarenta y nueve, y uno de esos hombres era abogado adscrito al bufete del distrito. El otro era un psiquiatra del Estado. Ambos estuvieron envueltos en un juicio más bien sensacionalista, entablado contra un hombre acusado de un repugnante delito contra dos jovenzuelos. En opinión de ellos, el hombre era incuestionablemente culpable; pero un defensor desacostumbradamente persuasivo y un jurado altamente sugestionable le concedieron la libertad. Cuando se leyó la sentencia, el inconcebible veredicto, aquellos dos hombres, que eran tan amigos como colegas, se enfurecieron. Se dieron cuenta del grandísimo error que se había cometido, y que estaban imposibilitados para corregirlo…
Hizo una pausa.
- Le explicaré algo respecto a ese psiquiatra. Durante algunos años hizo estudios en un campo que podría llamarse ‘psiquiatría antropológica’, una de esas investigaciones relacionadas con la práctica Vudú de ciertos grupos, en particular el haitiano. Seguramente habrá oído hablar mucho de Vudú o de Obeah, como se le llama en Jamaica; pero no me ocuparé del tema, a fin de que no crea usted que nosotros llevamos a cabo ritos salvajes o clavamos alfileres en muñecos… No obstante, el hecho principal de su estudio fue el éxito misterioso de ciertas prácticas extrañas. Naturalmente, como científico, rechazó la explicación sobrenatural y creyó en la racional. Y, por supuesto, ésa era la única respuesta. Cuando el sacerdote Vodum decretaba el castigo o la muerte de un malhechor, eran las propias convicciones de éste referentes a la eficacia del deseo-muerte, su propia fe en el poder Vudú, lo que convertía finalmente el deseo en verdad. Algunas veces, el proceso era orgánico: su cuerpo reaccionaba psicosomáticamente al castigo Vudú, enfermando y muriendo. Otras veces, moriría por ‘accidente’… accidente provocado por la secreta creencia de que, una vez castigado, debía morir. Atemorizado, ¿no es cierto? -.
- Indudablemente – respondió Grunzer con los labios secos -.
- De todas formas, nuestro amigo el psiquiatra comenzó preguntándose en voz alta si algunos de nosotros habríamos avanzado tanto a lo largo del sendero civilizado que no podríamos estar expuestos a esta misma clase de castigo ‘sugerido’. Propuso que experimentaran sobre este tema elegido, para ver qué pasaba -.
Hizo una pausa.
- Lo que hicieron fue muy sencillo – continuó -. Fueron a ver a ese hombre y le anunciaron sus intenciones. Le dijeron que iban a desearle la muerte. Le explicaron cómo y por qué el deseo se convertiría en realidad, y mientras él se reía de su propuesta, observaron cómo cruzaba por su rostro una mirada de supersticioso temor. Le prometieron que todos los días, con regularidad, le desearían la muerte, hasta que ya no pudiese detener el místico y cruel sacrificio que convertiría tal deseo en realidad -.
De pronto, Grunzer se estremeció y apretó los puños.
- Eso es una tontería – dijo suavemente -.
- El hombre murió de un ataque al corazón dos meses después -.
- Por supuesto. Sabía que usted diría eso. Pero es pura coincidencia -.
- Naturalmente. Y nuestros amigos, mientras investigaban, no se sentían satisfechos. Así, pues, decidieron intentarlo otra vez -.
- ¿Otra vez? -.
- Sí, otra vez. No le diré quién fue la víctima; pero sí que esta vez solicitaron la ayuda de cuatro socios. Este grupito de ‘adelantados’ fue el núcleo de la sociedad que yo represento hoy -.
Grunzer movió la cabeza.
- ¿Y me ha dicho usted que ahora hay mil? -.
- Sí, mil o más, por todo el país. Una sociedad cuya única función es desear que la gente muera. Al principio, los socios eran puramente voluntarios; pero ahora tenemos un sistema. Cada nuevo miembro de la Sociedad para la Acción Unida ingresa con la condición de suministrar una víctima en potencia. Naturalmente, la sociedad investiga para determinar si la víctima es merecedora de su muerte. Si el caso es aceptable, entonces la totalidad de los socios se dedican a desearle la muerte. Una vez cumplida la tarea, el nuevo socio, como es lógico, deberá tomar parte en toda futura acción concertada. Eso… y una módica anualidad es lo que se exige a los socios -.
Carl Tucker sonrió.
- En el caso de que usted considere que yo no hablo en serio, mister Grunzer… -.
De nuevo manipuló en la cartera, para sacar esta vez un grueso volumen de direcciones telefónicas.
- Aquí están las pruebas: doscientas diecinueve víctimas fueron señaladas por nuestra comisión de selección. De ellas, ciento cuatro no viven ya. ¿Coincidencia, mister Grunzer?... Si existe un resto de ciento veinticinco…, eso indica que nuestro método acaso no sea infalible. Somos los primeros en admitirlo. Pero durante este tiempo, se han puesto en prácticas nuevas técnicas. Yo le aseguro mister Grunzer, que los mataremos a todos -.
Hojeó el libro azul.
- Todos nuestros miembros están registrados en ese libro, mister Grunzer. Daré a usted opción para que telefonee a uno, a diez, a ciento de ellos. Llámelos… y vea si le digo la verdad -.
Echó el manuscrito sobre la mesa de Grunzer. Cayó sobre la carpeta con ruido seco. Grunzer lo cogió.
- ¿Bien? – preguntó Tucker -. ¿Quiere llamarlos? -.
- No – respondió mordiéndose los labios -. Quiero creer en su palabra, señor Tucker. Es increíble, pero me doy cuenta de cómo actúan. Con sólo saber que mil personas le están deseando a uno la muerte es suficiente para largarse al infierno – sus ojos se estrecharon -. Pero existe una cuestión. Habló usted de una ‘pequeña anualidad’… -.
- Cincuenta dólares, mister Grunzer -.
- ¿Cincuenta?... ¡Hum! ¡Cincuenta veces mil… hacen una buena cantidad de dinero!, ¿no le parece? -.
- Le aseguro a usted que la organización no se ha constituido para obtener beneficios. Por lo menos, no la clase de beneficios que usted supone. Los ingresos sirven solamente para cubrir gastos: el trabajo de la comisión, la investigación y cosas por el estilo. Seguramente comprenderá usted esto, ¿verdad? -.
- Así lo supongo – gruñó -.
- Entonces, ¿lo encuentra usted interesante? -.
Grunzer giró el sillón hasta colocarse de cara a la ventana.
‘¡Dios! – pensó -. ¡Dios! ¡Si fuera cierto!... -.’
Pero ¿cómo? Si el deseo matara, él habría matado a docenas de personas en su vida. Sí, eso era diferente. Sus deseos eran siempre secretos, ocultos donde nadie podía conocerlos. Pero ese método era diferente, más práctico, más terrorífico. Sí, podía darse cuenta de cómo actuaban. Podía visualizar miles de mentes ardiendo con el único deseo de la muerte; ver a la víctima debatiéndose, al principio, presa del desasosiego, y luego, sucumbiendo lentamente, gradualmente, seguramente, a la cadena de terror que la ahogaba, que la oprimía… El trabajo era eficaz… Tantos pensamientos mortales podían emitir, realmente, un rayo místico y malvado que destruyeran la vida.
De repente, como si ante él hubiera surgido un fantasma, vio la rubicunda cara de Whitman Hayes.
Se volvió de nuevo y dijo:
- La víctima, por supuesto, tiene que saber todo esto; tiene que saber que existe la sociedad, que ha tenido éxitos y que está deseando su muerte, ¿verdad? ¿Es esencial eso? -.
- Absolutamente esencial – respondió Tucker, guardando el manuscrito en la cartera -. Usted ha tocado el punto vital, mister Grunzer. Hay que informar a la víctima, y eso es precisamente lo que he hecho -.
Y añadió después de mirar su reloj:
- Así pues, su deseo de morir empezará para usted hoy al mediodía. La sociedad ha empezado a trabajar ya. Lo lamento muchísimo -.
Ya en el umbral de la puerta, se volvió y alzó el sombrero y la cartera en un saludo de despedida.
- Adiós, mister Grunzer -.