Delirios de la cordura: La Casa

miércoles, 10 de diciembre de 2008

La Casa

Este no puede decirse que sea muy de miedo... pero me gusta! ^^



Michael acercó una silla a la primera mesa que vio vacía y lejos de la gente. Pidió a la orionda camarera el menú del día y algo de pan y queso para llevar. La taberna donde había decidido comer era la más inhospita que había visitado en años, pero no le importaba, solo estaría allí el tiempo necesario para almorzar y luego volvería a emprender su sempiterno viaje a caballo alrededor del país. Escogió esa mesa porque no le gusta demasiado el trato con la gente, quizá sea la cantidad de horas que ha pasado solo a lomos de su caballo lo que le ha convertido en un hombre austero.

Mientras Michael degustaba de sus viandas, la silla frente a él se movió. Levantó la cabeza y un hombre desarrapiñado y sucio se sentó en ella:
- Si no le molesta – Comentó estando ya sentado -.
- No demasiado – Respondió Michael haciendo denotar su disgusto -.
- Si me invita a una cerveza, le contaré una historia – Dijo con un deje burlón que le hacía parecer algo borracho. Michael pensó que era mejor invitarle a una cerveza, que contara su dichosa historia y así el podría marchar en breve mientras aquel borracho se quedaba tranquilo -.
- ¡Camarera, una cerveza para el caballero! – Gritó Michael -.
La camarera acto seguido sirvió una esplendida pinta de cerveza del barril que tenía más próximo y lo acercó a la mesa. Mirando con curiosidad a Michael puso la cerveza que acababa de llenar junto a la otra que tenía Michael a medias:
- Aquí tiene -.


Michael agradeció a la camarera con una sonrisa cómplice y arrimó el vaso a su interlocutor mientras la camarera volvía detrás de la barra. El bar era bastante silencioso, por lo que al fin y al cabo, estaba cómodo. El borracho comenzó a contar su historia:
- ¿Sabe? Hace mucho tiempo yo me dedicaba a recorrer este maldito país a lomos de un caballo, no tiene ni idea de cuan libre se siente uno haciendo eso. – Aunque Michael si tenía idea – Disculpe, no me he presentado, me llamo Jacob. Pues hace años salí pululando por las carreteras y caminos más inhospitos del país deseoso de aventuras, fama y reconocimiento. No tenía claro que buscaba, pero fuese lo que fuese, lo encontraría tarde o temprano, y sin embargo, lo que encontré fue lo más extraño y raro que he visto nunca y mi vida no ha sido la misma desde entonces. En un bar al norte coincidí con un extranjero de acento marcado, no se de donde, pero sí se que era de fuera. Con un mostacho largo y descuidado se acercó a mi me mesa mendigando algo de comer y acepté. Se me presentó como Henri y me comentó que estaba haciendo algo parecido a mí pero él había salido años atrás. Sin embargo, y no sabía como, decía que todos sus viajes a lo largo del continente siempre acababan en la misma casa. Le dije que es normal volver al hogar, y el me respondió sofocado que no era su hogar, que ni siquiera conocía esa casa y que siempre estaba en el lugar menos esperado. Extrañado pedí que me explicara a que se refería con eso del lugar menos esperado. – Hizo una pausa y se llevó la jarra a la boca. Bebió con bastante sonoridad y su gesto mutó a preocupación – Porque una casa, está siempre en el mismo lugar, ¿verdad? Entonces, ¿cómo esa casa podía aparecersele en distintos sitios? Su historia me intrigó y como se ofreció a acompañarme, acepté encantado su compañía. Salimos a las cuatro cabalgando de nuevo sin un rumbo particular, a lo lejos vi un acantilado bastante sinuoso pero que en su parte baja albergaba varias cuevas donde podríamos refugiarnos bien entrada la noche. Paramos junto a las cuevas y comencé a desempacar algunos bultos del caballo para hacer algo parecido a una cama. Entonces… - Hizo otra pausa, bebió un sorbo quizá más grande y su gestó mutó a duda - ¿Qué hacía allí esa casa que antes no había visto? Una casa grande, de dos plantas, llena de columnas, arcos y capiteles, algunas partes eran de madera y otras de piedra, pero indudablemente eran un todo único y expectante. Henri, sin asombro, ató a su caballo en el porche de la casa y entró. Yo me lo pensé un poco, pero mejor refugio que una casa… Cuando entré, las medidas interiores no parecían corresponderse con las proporciones exteriores. El arquitecto debió ser un maestro, pues todo daba una sensación de enormidad maravillosa. Henri me miró y me dijo que me acomodara, pero que tuviese cuidado, que las cosas cambian en esos sitios. No le entendí en aquel momento, que necio fui. Anduve por la casa hasta encontrar una habitación que estaba en un pasillo que daba a un patio interior con fuentes y abundantes plantas. Creí oir el canto de pájaros desde el patio, pero estaba cansado y decidí comprobarlo mejor por la mañana. Me eché a dormir en una espléndida cama de sofisticados decorados y mullidos almohadones. Parecía una residencia perfecta la casa de Henri. Pero no era así. – Hizo otra pausa y de un gran buche apuró su cerveza. Mientras Michael comía en silencio observándole y escuchando su historia sin demasiado interés. – No dormí nada, ¿sabe? Toda la noche tuve extrañas visiones y pesadillas sobre… otras tierras, otros lugares. Cuando no estaba soñando con cosas inexplicables, la casa parecía gemir y bostezar de manera horrible. Empecé a tener algo de miedo, pero es normal en un sitio nuevo y desconocido. La noche pasó y al amanecer, decidí investigar aquello de los pájaros, ¿recuerda? – Buscó la mirada complice de Michael y esperó a que asintiera – Para así poder despejar mi mente de las pesadillas. Cuando salí de la habitación, me sentí desorientado, el pasillo no estaba, mi habitación daba a un enorme salón con un piano de cola coronando en el centro. ¿Qué se supone que hacía eso ahí? No había ni rastro del pequeño patio y sus pájaros, al menos, no en esa zona de la casa. Bastante alterado, me aventuré a buscar la salida de la casa. Cuando bajé las escaleras del porche, me encontré con Henri que silencioso y con cara de preocupación estaba preparando las cosas de su caballo. Supuse que habría pasado tan mala noche como yo y no le molesté. Volvimos a montar y volvimos a seguir otra vez sin rumbo. Estaba ya bien entrada la tarde cuando vimos una pequeña arboleda aflorar de la nada y decidí poner rumbo allí para descansar. Cuando la noche entró, Henri volvió a decirme que tuviera cuidado con la casa. ¿Qué casa? Y cuando volví a mirar, allí estaba la maldita misma casa otra vez, ¿cómo se había movido? ¿Por qué le perseguía? – Asustado, paró y se relajó unos segundos antes de continuar – Maldita mi suerte, pensé, pero al menos, era un techo. Una vez dentro, todo era de nuevo diferente, las salas, los tamaños, todo estaba equivocado. Sin más preguntas, me puse a buscar un sitio donde dormir y allí me quedé. La noche fue especialmente inquieta, así que decidí salir de la casa en mitad de la noche. Cuando estaba saliendo, no recuerdo ni que hora era, solo que era la madrugada, me volví a tropezar con Henri con su misma cara del día anterior preparando su caballo. Le pregunté que pasaba y me contestó que ahora yo también era parte de la casa. Me negué, ¡lo negué! Grité como pude. – Volvió a pausar en su momento más algido para relajarse y prosiguió – Grité que no pertenecía a la casa y que no creía que pudiera pertenecerle nunca. Sin recoger las cosas, monté en mi caballo y salí corriendo de alli. Mientras miraba atrás, veía que la casa parecía desvanecerse poco a poco con los rayos del sol. – Se quedó mirando triste hacia el infinito. Michael estaba apunto de terminar su comida - ¿Sabe? Dudo de la existencia de esa casa. Muchas veces también dudo de la existencia siquiera de Henri, no sería más que una pesadilla... – Agachó la mirada y observó apesadumbrado su pinta de cerveza. La acercó a Michael, quien comprobó que estaba llena como la ofreciera en un principio la camarera, Michael extrañado miró a Jacob quien con lágrimos en los ojos concluyó – De hecho, ya dudo incluso de mi propia existencia – Y poco a poco se fue diluyendo su reflejo como una bruma que se disipa al amanecer -.

1 lectores que han opinado.:

Maky dijo...

Mola, ya se que si estoy dando la vuelta al mundo a caballo y me encuentro una casa de buenas a primeras, no me debo quedar a dormir dentro. jeje