Delirios de la cordura: febrero 2009

viernes, 20 de febrero de 2009

MENTE A LA DERIVA. 10ºParte

-¿Estais listos?

Tanto Ciriel como Selena afirmaron con gesto impasible.

-¡Pues adelante!- Grité.
Selena se limitó a decir a modo de respuesta; "Los vigilantes, estan aquí. A los vigilantes les gusta luchar".

-Lo tendremos en cuenta pequeña- le dijo cariñosamente Ciriel. Hace tiempo que la pelota de goma que controlaba aquella voluntad salvaje había dejado de ser util para nosotros. Ahora aquella niña perdida nos seguía por propia voluntad.

Saltamos.

Entonces, en pocos segundos nuestras desnudas figuras descendían a gran velocidad por aquella gigantesca cascada tras la cabaña (ahora llena de restos cadavericos) de Lucius.
Mis hazes de luz al igual que los de mi amada, permanecían cerrados e incapaces de abrirse ante tal empuje huracanado que provocaba nuestro descenso.
La pequeña Selena se hallaba convertida en un ovillo y lucía una sonrisa picarona que transmitía cierto disfrute ante aquella bajada abismal.

¿Hacia donde nos conduciría aquello?
¿Tal vez hacía nuestro proximo destino?
¿Tal vez hacía nuestra salvación?

¿O tal vez...? Sí..tal vez simplemente caeríamos.

Puede que simplemente nuestros maltrechos cuerpos hayan encontrado su cenit en un continuo caer de negrura infinita...

No, no podemos pensar en eso. No debemos.
Sobre todo si pretendo que mis objetivos de conquista se cumplan.
No. Mortius no puede ganar...

¡Yo,Kevin, no pereceré ante la espada del infierno como tantas otras almas desdichadas e impías!
¡Estupidos e indiferentes seres del submundo, yo mostraré mi triunfo ante todos!

A pesar de todo, la caída no cesaba.

Los arboles y demas plantas que reían con nuestra presencia, pronto quedaron envuelta por una espesa negrura. Sin apenas percatarnos del cambio, un agujero negro abrazaba y asfixiaba con su opacidad todo a nuestro alrededor.

Aun así, la caída no cesaba.

Por fín pude abrir mis parpados y proyectar mis Hazes de luz sobre mis compañeras. Selena seguía sonriendo convertida en aquella bola humana a pesar de la oscuridad. Una oscuridad en la que mis rayos de luz no alumbraban nada salvo el salpicar de la cascada que caía en paraleo y nos regalaba frías gotas de agua en nuestros rostros.

Aun así, la caída no cesaba.

Las luces oculares de Ciriel me señalaban en un intento de comunicarse conmigo. Había que alzar la voz para derrotar el estruendo emitido por la catarata;

-¡Kevin! ¡Kevin!- Mientras gritaba, agitaba sus manos frente a su cara para impedir el paso de las miles de gotas que pugnaban por calar nuestros huesos- ¿Crees que no había otra salida? ¡Todo esto podría tratarse de otra artimaña de vete tu a saber quien! Puede que encontremos nuestro fin con esta caída...

-¡No tenemos elección amor mío! ¡Debemos continuar sea como sea, no podemos retroceder ni quedarnos en aquel terreno abierto a esperar el regreso de Lucius!- Mi voz comenzaba a quebrarse ante aquel constante griterío. Me parecía no menos que curioso, el hecho de no poder sudar, llorar o dotar de mi cuerpo con sus necesidades básicas, y a pesar de ello poder sentir aquel frío punzante y desgarrador. Sentir como los musculos de mi bajo vientre se encogían hasta agarrotarse por culpa de aquel rapido descender.


¿Quién provacaba todo aquello? ¿Quien estaba oculto en las sombras y nos acechaba con recelo?

Esa sensación constante de bajada como si de una infinita montaña rusa se tratase...
No me dejaba pensar... no me dejaba oír las voces de mi cabeza...
Selena comenzó a hablar:
"Estan aquí. Ellos estan aquí. Los vigilantes. Sí, Sï. Porque los vigilantes nos miran tras la cascada. Sí, como pez en el agua descienden a nosotros. Luchan. Y Luchan muy bien, ya lo creo".

Silencio absoluto. Tan solo el rugir del liquido elemento.

Aun así, la caída no cesaba... Pero los seres responsables de aquella trampa de muerte se mostraron ante nuestros Hazes de luz.

Surgieron justo detras de nosotros.
Eran cuatro siluetas envueltas con una capa de vivaz rojo a juego con sus capuchas.
Sus figuras resaltaban como diamantes ensangrentados a pesar de la oscuridad. Por lo que no era dificil captarlos con nuestras luces oculares.

Emergieron de la cascada como peces ansiosos de buscar la superficie y abandonar su refugio acuático.
En poco segundos nuestos cuatro atacantes caían junto a nosotros por aquella boca negra y húmeda.

-¿Pero qué diabl...? - Ciriel enmudeció al recibir en el hombro varias patadas enfundadas en botas del mismo rojo carmesí mostradas por aquellas capuchas que ocultaban sus rostros.

-¡Jajajaja! ¡Bastardos cabrones venid a mí y subestimadme si así lo quereis!- Me dedicaba a gritarles enardecido por el furor del peligro inminente. Aquel peligro que alimentaba mi poder delirante.

Dos de los cuatro asaltantes se giraron hacía mí y me hicieron frente con sus manos enguantadas y provistas de afilados nudillos. Los dos restantes se enfrentaron a Ciriel y a Selena.

Lo peor de todo aquello, era sin duda nuestra clara desventaja. No solo numérica, si no que ademas de eso, nos encontrabamos cayendo cabeza abajo sin poder rectificar nuestra postura combativa. En cambio ellos, caían junto a nosotros haciendo gala de un planeado impecable con sus capas al viento.

Mientras mis dos contrincantes me espoleaban con puñetazos y patadas, mis fieles "espectros" surgieron a cada lado de mi cuerpo para contraatacar como ya lo hicieron en la cabaña de Lucius, con sus troncos ligados al mío como si fueramos trillizos siameses. De nuevo combatía junto a los dos humanoides que ya me ayudaron cuando mas lo necesitaba.
Los seres encapuchados no recularon y continuaron sumergidos en aquel frenesí de golpes. Ahora uno se encargaba de mis dos compañeros fantasmas y otro se limitaba a clavar sus dedos en mis Hazes. Provocando una implosión de dolor en mi cabeza que casí me aniquila.

Selena se debatía con otro de aquellos atacantes en un amasijo de golpes,bocados y numerosos chorros de sangre que llegaban a mezclarse con la cascada.
Deseé profundamente que la sangre no fuera de mi pequeña acompañante caníbal.

-¡No hemos llegado hasta aquí para esto! ¡No, desde luego que no!- Gritaba Ciriel mientras sus desnudas y sensuales piernas se unían de nuevo en una larga y bífida cola reptíliana que parecía nacer de su entrepierna.- ¡Venid a mí hijos de nadie!- Desafiaba Ciriel con su melena rosa empapada y sus pechos castigados por la interperie. Lanzaba su cola contra la cascada y lanzaba numerosas cortinas de agua a los imperceptibles rostros de nuestros contrincantes. Entorpeciendolos varios segundos.

La lucha seguía...
La caída por el abismo no cesaba...

Mis manos pasaron a ser gigantescos diamantes que impregnaban la negrura con una tenue luz blanca. Me dediqué a trazar largos arcos en el aire con el fin de alejar a mis captores y cercenar sus brazos. Pero estos eran endiabladamente rapidos y tan solo llegué a cortar centímeros de tela roja de sus capas.

Ciriel se esforzaba en vano en clavar el extremo punzante de su cola en el abdomen de su contrincante. Pero el vigilante se la agarró con ambas manos y la atrajo hacía sí mismo para bapulear a mi amada.
La lucha de Selena no presentaba mejor pronóstico. En la mano de su rival se materializó un látigo que cortaba el viento con cada golpe. Y en poco tiempo, la pequeña salvaje quedó reducida bajo una lluvia de truenos lacerantes.

Los cuerpos espectrales ligados a mi cuerpo eran facilmente esquivados por los vigilantes que pasaron a ocultarse tras la cascada, para luego emerger desde un punto completamente distinto y desmontar nuestras defensas.

Ciriel salió huyendo de su contrincante hacía donde combatía Selena. Justo antes de que ésta recibiera otro latigazo, las desnutridas manos de Ciriel cazaron el latigo justo a tiempo para hacerlo trizas bajo lo que ahora se antojaba como unos apéndices bulbosos.
Sus brazos se hábían transformado en largos filamentos negros y viscosos similares a los de una araña. Ella al ver su nueva metamorfosis arácnea rió extasiada;
-¡Sí, vamos! ¡Mi cuerpo todavía exhala poder!- Mientras gritaba, sus gruesos labios goteban una espesa saliva que caía por su mentón.

Apartir de ahí todo sucedió a velocidad surrealista;

Ciriel me tiró el extremo roto del latigo e inmediatamente el espectro ligado a mi espalda lo cogío al vuelo y me lo entregó.
Aprobeché la ocasión y clavé el desgarrado filamento del latigo roto en el inescrutable rostro del vigilante que me atacaba. Acto seguido, al recibir el impacto, el asesino soltó un apagado grito procedente de sus entrañas y sus vestiduras, y todo cuanto envolvía su figura en general,se contrajo sobre sí mismo hasta quedar reducido a un montón de ropa vacía e inocua que caía por la cascada.

El otro vigilante al ver la derrota de su compañero, estalló en silenciosa cólera y volvió a presionar sus dedos sobre mis Hazes oculares con una determinación indomable.
Esta vez, pude contemplar con horror como la luz de mi cuenca izquierda se apagaba...
Me había desprovisto de uno de mis Hazes...

No puede aguantar más. No podíamos perder y aquello estaba llegando demasiado lejos...

Y todo aquello sucedía mientras caíamos...caíamos en un abismo infinito...

Ciriel y Selena acorralaron a dos vigilantes por ambos lados pero estos las mantenía a raya con pericía luchadora y aparente facilidad, ya que sus movimientos parecían danzar con una perfecta armonía y sincronización de ataques.
La pequeña canibal se lanzó en un aparente ataque camikaze hacia su rival. Alzando uñas, pies y dientes, rugía ensordecedoramente mientras recibía incontables golpes en su desnuda e infantil figura.
Ciriel evitó a su respectivo contrincante para aguijonear la espalda del vigilante que sometía a Selena y comenzó a estrangularlo con sus apéndices. Situación que Selena aprobechó para morder el cuello de su agresor y desgarrar todo lo que sostuviera aquella cabeza encapuchada.
Un brote de sangre negra salió disparada bajo los pliegues carmesíes de su vestimenta para despues implosionar en un esputo de telas y harapos vacíos. Selena reía traviesa mostrando entre sus dientes restos sangrantes de piel ( si es que era piel corriente) del vigilante desintegrado.


Con dos patadas en espiral, mis diamantes fueron desviados y mi contrincante comenzó a golpearme con su recien materializado látigo en una mano.

Ciriel gemía con loca furia homicida al ser estrangulada por el vigilante que minutos antes había visto destruir su preciado látigo a manos de esa odiada mujer mezcla de reptil y araña.
Selena acudió en su ayuda y comenzó a morder las manos enguantadas que apretaban el cuello de mi amada.

Perdímos la sensación de gravedad hace rato... en una constante caída ya nada parecía cobrar solidez...

Selena terminó arrancando los dedos del vigilante que estrangulaba a Ciriel y del muñon resultante emergío un vapor ardiente que abrasó la cara de mi pequeña compañera y la hizo retroceder aturdida con sus diminutas manos tapando su rostro quemado.

Ciriel no desperdició la ocasión e introdujo el filo de su cola en las aberturas que antes fueron los dedos del vigilante y se abrió paso por su brazo hasta haber clavado completamente su bífido miembro en el interior del cuerpo de aquel ser.
Lo último que contempló el vigilante fueron los Hazes de luz de aquella mujer, justo antes de que su cola se expandiera en el interior de su cuerpo y lo descuartizaba por dentro.

-¡Estupido...así aprenderas...sí...así..aprenderas..!- No pudo acabar la frase, ya que sus Hazes se cerraron y Ciriel quedó tan inconsciente como Selena. Ahora las dos caían por la cascada como cuerpos inertes.

En un arrebato de energía y desesperación, mis diamantes cercenaron uno de los brazos del vigilante y de esté brotó el mismo vapor negro que había calcinado el rostro de Selena.
Mi único Haz de luz contempló como el encapuchado contraatacaba ahora con una Daga en la mano.
Los Entes espectrales de mi cuerpo pararon la estocada y golperaon su rostro hasta hacerle desprenderse de su arma.
Agarré la daga antes de que se perdiera en el vacío e intenté clavársela vanamente.
Pero para cuando ya había esquivado mi ataque, mis brillantes diamantes de muerte ya atravesaban su torso...

El vigilante yacía clavado frente a mí resistiendose a su inevitable agonía final.
Proyectó un puntapie en mi rostro que me hizo recular amnubilado, pero cuando quise encararle de nuevo, el "siamés" delantero de mi cuerpo ya remataba al vigilante impregnando por todo su cuerpo, un vómito espeso y amarillento que pudría su figura.

-Esta vez...si... hemos estado apunto de...- Caí en semiinconsciencia.

Tan solo puedo recordar los restos de vestiduras vacías que caían con nosotros por la cascada...

Y caíamos... tan solo silencio,oscuridad y por supuesto caída...

Aquella sensación de vuelo eterno revolvía y embotaba mi percepción, aquel descenso eterno anulaba mi sentido de orientación y equilibrio...

Recuerdo que al abrir el único Haz de luz que me quedaba, Ciriel me miraba arrodillada y provista de nuevo con piernas y brazos humanos. Mi amada Ciriel sentada junto a mí...

¿Sentada?

Efectivamente. Habíamos llegado a pesar de todo, a terreno fírme.
La oscuridad seguía siendo total. Pues no existía luz en el reino de Mortius el Grande. Pero de nuevo nos encontrabamos sobre una nueva senda a seguir. Las cosas estaban volviendo a su cauce. A "mí" cauce.

- Creíamos lo peor amor mío. Esta vez, creíamos lo peor- Me decía Ciriel hundiendo su rostro contra mi pecho - Yo cuidaré de tí Kevin. Somos un equipo ¿De acuerdo? Podemos con cualquier puto engendro que nos desafíe!-

Estampé un beso en sus labios y me limité a sonreir ante tanta determinación y coraje inquebrantable.
Me puse en pie ayudado por Ciriel y nos encaminamos (por fín podíamos "andar" y no "caer") hacia un árbol marchito en el que jugueteaba Selena.

-¿Cuanto tiempo he estado inconsciente?- Pregunté-
-No mucho. No te preocupes. Debemos tener mas cuidado si volvemor a encontrarnos con esos seres. Sin estrategia, no creo que ganemos un segundo asalto...- meditaba Ciriel.
-Creo que ya no quedan más... eran los únicos- Le contesté.


-AHORA,LOS VIGILANTES SON EL MENOR DE VUESTROS PROBLEMAS-.

Aquella frase provocó el mismo estruendo que una tormenta rompiendo el aire.
Los tres nos quedamos petrificados ante tal magnitud sonora.

-HASTA AQUÍ HABEIS LLEGADO. POR OBRA Y GRACIA DE CELESTIO. AQUEL OPUESTO A MORTIUS-.

¿Quien era aquella entidad? ¿Quien desprende tal poder con solo articular meras palabras de advertencia? ¿Quien si no Mortius puede hacer eso?

-ES MI DEBER ACABAR CON EL DESEQUILIBRIO UNIVERSAL QUE CORROMPE Y DESAFÍA LAS LEYES ESTABLECIDAS. ES MI DEBER ACABAR CON ESTA ARDUA Y CANSINA EMPRESA QUE EMPEZASTE, KEVIN.-

Ciriel y yo nos miramos.
Esa voz...
Nos era horriblemente familiar...
Una voz antaño perteneciente a un gran amigo...
Una voz que ahora hacía temblar el suelo...

-SE ACABÓ. MUCHO A DURADO ESTA REBELDÍA BLASFEMA...-

-¡No,no por favor Kevin mírale,Míra su cara!- Me gritaba una sollozante Ciriel.
Selena nos miraba con rostro de indiferencia, ajena a nuestras emociones- ¡Mírale Kevin, es Él!- Volvió a gritar Ciriel.

Cuando aquella aparición se adelantó un paso más, su figura quedó en evidencia ante nuestros Hazes de luz...

David Serra se hallaba frente a nosotros.



Ixactzin

Con los exámenes y toda la pesca, se que tengo esto un poco abandonado, pero no os preocupéis, que sigo vigilandoos... ^^'
Esto es un fragmento experimental de una especie de proyecto común que queremos llevar a cabo Maky y yo. Quizá no vaya mucho con el tono general del blog, pero bueno, es un relato y lo cuelgo a ver que os parece. Saludos.

Ixactzin corría por la densa selva como buenamente podía. Siempre había sido bastante ágil y huidizo, pero su estado no era el mejor para enfrentarse a lo que se estaba enfrentando. Si tan siquiera buscaba problemas, un simple juego le ha metido en el embrollo del que intentaba salir. Una saeta furtiva había atravesado su ala izquierda y ahora no podía levantar el vuelo, solo podía correr, correr en dirección a las montañas, a su hogar. La sangre, que surgía a borbotones rítmicos a su paso, y el sudor, que desprendía por cada poro de su cuerpo, le cubrían el cuerpo y pegaba las plumas a su tersa piel. El pulso le golpeaba las sienes constantemente marcando el ritmo de su corazón, sobrecogido y acelerado.

Sabía que le perseguían, pero no había tenido tiempo de pararse a ver quienes, cuantos y desde donde. Solo escuchaba el maldito sibilar de esos asquerosos Coatl entre la maleza, algún zumbido ocasional de alguna saeta y el crujido metálico de armas y armaduras. Sus pisadas eran sonoras y profundas en aquel revuelto de ramas, raíces, hojas y barro que era el suelo de aquella selva. No sabía cuántos le perseguían, pero si sabía que harían con él si lo atrapaban en territorio enemigo. Los Coatl han sido enemigos y amigos desde antes de que el naciera, desde antes de que su familia naciera. Desde que era joven, le inculcaron las creencias y tradiciones de su gente. Ambos pueblos vivían desde la Creación juntos, los Coatl les protegían de cualquier enemigo que pudiera atacarles desde el suelo y ellos les protegían desde las nubes, en paz y armonía pero en guerra y odio a la vez. Se protegían por conveniencia, pero todos sabían que el odio por el otro pueblo era mutuo. “Nunca te acerques al territorio Coatl, igual que los Coatl no se acercan a nuestras montañas” le repetían constantemente sus tutores. Aunque hubiesen firmado un pacto desde el que se protegían de manera mutua, le decían que romper la restricción territorial implicaría la muerte… pero siempre sintió curiosidad por aquellos a quienes con desprecio llamaban ‘hermanos’.

Recordó como se metió en aquel embrollo: Una tarde decidió escaparse de sus obligaciones diarias y sobrevolar la enorme selva que yacía a los pies de las montañas donde vivía con la esperanza de ver por fin a alguna de aquellas criaturas de las enseñanzas. Su familia era de alta alcurnia, lo que les había permitido hacerse con una cueva y decorarla y amueblarla cómodamente, además, su padre y su hermano mayor construyeron una plataforma de madera, un bien preciado en aquellas alturas, que hacía las veces de recibidor de su hogar. Salió de la cueva con lo puesto: unas botas de cuero, un peto de cuero tachonado y un pantalón de tela raída. Sobrevoló con ansia la montaña ladera abajo. Desde lejos veía una zona desarbolada y despoblada por ambos pueblos, llegado a esa altura, remontaría más alto su vuelo y recorrería algunos cientos de metros en profundidad por aquella selva por si la caprichosa fortuna le permitía ver a aquellas criaturas. Pero nada salió como había planeado.

Cuando hubo llegado a la zona despoblada y se preparaba para remontar el vuelo, una flecha atravesó su ala izquierda y le hizo perder algo de altura, a la velocidad a la que iba, no podía parar, ni siquiera virar bruscamente, y aún menos con un ala herida. Decidió ir girando como podría para poner rumbo a su casa de nuevo. ¿Qué le explicaría a su padre? No se imaginaba que hubiese guardias o vigías en las fronteras de ambos pueblos, ¿cómo le diría que se fugó de sus obligaciones para cotillear y que había vuelto herido? Esas eran sus principales preocupaciones cuando sobrevolando la selva de vuelta a su hogar escuchó de nuevo aquel recién conocido sonido: el zumbido de una flecha. No le habían alcanzado, pero si que había visto pasar la flecha muy cerca suya. La cosa se complicaba. Cuando miró hacia abajo, le pareció ver una sombra pequeña escabullirse entre las copas, movimientos furtivos del follaje aquí y allá. ¿Serían esos los famosos enemigos y vecinos? De pronto oyó el silbido de varias flechas mas, tres o cuatro creyó contar, que se dirigían hacia él con certeza. Como pudo esquivó algunas, pero la última se le acabó clavando en el hombro izquierdo, desestabilizándole de una manera exagerada en pleno vuelo. Comenzó su descenso, precario y cercano a las copas. Temía lo peor. Temía. Procuró no estrellarse y en cuanto pudo, frenó agarrándose con sus desnudas manos a una rama y dejándose caer al suelo. El hombro le dolía de una manera sobrenatural, parecía como si algo ponzoñoso y urticante se le hubiera introducido en el hombro y no podía rascarse. Inmediatamente comenzó a correr en dirección a la montaña, apenas le separarían unas pocas decenas de metros, cuarenta o cincuenta quizás.

¡Por fin vio a sus vecinos! Delante aparecieron tres de ellos interponiéndose entre él y su destino. Era curiosa la sensación que tuvo cuando al fin los observó, no eran para nada lo que él esperaba, ni siquiera eran parecidos entre ellos siendo supuestamente el mismo pueblo. Todos le miraban erguidos empuñando sus armas y escudos. Tenían la piel escamosa y brillante, no tenían nariz ni orejas ni labios ni cejas, en lugar de manos o pies tenían algo parecido a unas garras y su silueta era escabrosa y serpentina. Uno de ellos, el del centro, era corpulento y gigantesco, parecía una pesada mole de escamas de al menos tres metros de alto, su piel era de un verde oscuro casi marrón, casi del mismo color que presentaban los mohosos troncos. Otro de ellos, a la izquierda, era muy pequeño, apenas mediría medio metro de altura y sus ojos eran especialmente sobresalientes y desquiciantes, sus escamas eran de colores diferentes por zonas. A la derecha quedaba otro de un tamaño aproximado al de Ixactzin, quizá algo más gordo, con una faz repugnante incluso en comparación de sus también repugnantes compañeros, portaba algo parecido a una red enganchada a una lanza puntiaguda y a su escudo de madera con emblemas extraños. No le quedó más remedio que correr en dirección contraria para rodear ese punto y poder retomar el rumbo a la montaña. Afortunadamente tenía buen sentido de la orientación. Y así es como recordó en unos segundos como había llegado a este embrollo de estar corriendo casi perdido en una profunda, calurosa y húmeda selva.

Notaba las gotas de sudor cayendo apresuradas por su rostro, desbordando sus cejas, y cayendo sobre las partes descubiertas de su pecho. Cuan vulnerable era en ese instante. Saltando entre las raíces, esquivando ramas y procurando pisar en terreno firme continuaba corriendo mientras oía cerca el sonido esquivo de las flechas volando. Nunca imaginaría que su curiosidad iba a costarle un susto tan enorme cuando de repente, de entre un montón de follaje saltó una de esas asquerosas bestias escamosas. Un engendro escamoso de casi un metro de alto estaba saltando hacia él extendiendo una red para atraparle. Optó por parar en seco y girar por un sendero que se abría a su derecha, era una vía de escape obvia y había estado atento y rápido. Frenó bruscamente y giró llegando a estar a punto de caer en su giro. Comenzó de nuevo a correr observando con el rabillo del ojo como la bestia que había surgido de entre las hojas caía al suelo y rodaba con la red, una leve sonrisa le cruzó por los labios hasta que volvió a mirar al frente. Del mismo matorral de donde hubiese saltado aquel energúmeno, había emergido otro, aún más pequeño, en no sabe que momento de su giro y se había colocado justo donde el había parado y girado. ¡Era una trampa! Con una daga que llevaba en la mano el astuto ser le hirió en las piernas, atravesándole el tendón de Aquiles de una de ellas. Cayó de bruces al suelo fangoso mientras sollozaba por la impotencia que suponía haber caído en ese absurda trampa y el dolor que le provocaban sus dos nuevas heridas. Al menos séis Coatl más llegaron al lugar y comenzaron a atarle de pies y manos, uno de ellos se dedicó a arrancarle plumas con las manos. Sentía un tremendo dolor por todo el cuerpo, apenas podía soportarlo cuando notó un golpe en la cabeza y perdió la noción de todo lo que sucedía. Todo se volvió oscuridad y sus ojos se cerraron.

Horas después, su padre y su madre andaban preocupados preguntando a todos cuantos veían acerca de su hijo. No sabían dónde estaba su pequeño y las dudas les corroían e impacientaban. Acto seguido, apareció un militar de bajo rango, un chico joven, dispuesto y engalanado con el traje militar de celebraciones y reuniones. Se posó sobre la plataforma que daba entrada a la cueva familiar y se dirigió algo consternado hacia el padre. La madre, se temía lo peor y se echó las manos a la cara mientras observaba como su marido, luchaba por mantener la compostura a lo que el soldado le decía en voz baja al oído. Sabía que noticia le estaban dando, o al menos, ya se la estaba imaginando, y un sollozo ahogó su cuello y se vertieron lágrimas de sus tristes ojos. El padre mutó su expresión primero en asombro, luego en incredulidad y de pronto, su cara de enojo le hizo arrebatarse del leve apretón que le daba el soldado a modo de aprecio y salir volando montaña abajo mientras que gritaba que necesitaba verlo. El soldado comenzó a volar persiguiéndole y gritándole que no lo hiciera. La persecución tardó lo suficiente para llegar a la falda de la montaña, aunque el soldado estaba entrenado para volar rápido, el padre del chico contaba con la sobrenatural fuerza de la rabia y la impotencia. Una vez llegó a la falda de la montaña, el padre dejó de aletear y sollozando se estrelló prácticamente contra el suelo. Había divisado a poco más de veinte metros una pica de madera con la sangrante cabeza de su hijo clavada. Se puso de rodillas y observó desde esa distancia la cabeza. Lloró desconsolado, sollozó, gritó y maldijo todo cuanto pudo, pero sus desesperadas aclamaciones solo obtenían una respuesta: una sibilante risilla serpentina que parecía venir desde el bosque.