Delirios de la cordura: MENTE A LA DERIVA. 11ºParte

lunes, 16 de marzo de 2009

MENTE A LA DERIVA. 11ºParte

Era un Ángel.

Antaño un gran compañero de vida.

Antaño un gran amigo llamado David Serra.

Ahora se mostraba ante mí como un Angel buscando nuestra expiación. Buscando nuestro castigo.

Por supuesto que nunca puse en duda aquella resolución que lo impulsó a concluir la tarea en la que otros seres tan poderosos como él habían fracasado.
Todos y cada uno de aquellos demonios del submundo habían errado en sus intentos por purgar nuestras almas. Purgarlas y enviarlas a las fauces de esa entidad suprema conocida por el título de Mortius el grande.


Fracasaban porque éramos imparables.

Yo, Ciriel (a la que amé en vida y aun amo en este firmamento Estigio) y por supuesto, nuestra pequeña e inquebrantable Selena. Ellas como yo, saben que juntos eramos imparables.

Lo fuimos hasta ahora...

Un potente puñetazo psíquico del Angel invadió nuestras mentes ya de por sí maltrechas.

Una tormenta de imagenes nostálgicas deglutía nuestros recuerdos con el único fin de vapulear nuestros sentimientos de culpabilidad.
La culpa por todo aquello que hicimos y no quisimos dejar de hacer, por nuestros ideales racistas y homófogos, por nuestras inquisiciones y por supuesto, por aquello que le hicimos a él, a nuestro joven e inocente David Serra.

Aquel ataque mental era su castigo por arrebatarle su vida mortal, por cortar el camino que aun le quedaba por recorrer, por habernos limitado a traicionarle de tal manera e impedirle conocer a la que pudiera haber sido su esposa, su familia, su primer empleo... el haber podido llegar a su vejez... nada de eso pudo hacer porque Angus acabó con su vida.


Probablemente nos merecíamos aquella paliza cerebral a traves de tan dolorosos recuerdos pero...

Pero no nos rendiríamos.

Ciriel,Selena y yo estabamos decididos a continuar nuestra escalada de conquista y supervivencia en este mundo podrido y falto de luz.

No. Nada ni nadie ( ni siquiera un viejo amigo) podría impedirnoslo. Nada ni nadie nos privaría de hacerles ver que no somos meras almas destinadas a desintegrar su existencia como tantas otras lo hacen a cada segundo que transcurre el tiempo mortal.


David Serra desplegó sus alas.

Medían mas de metro y medio cada una, pero lo que captó nuestra atención fueron los fuertes destellos plateados que abrazaban cada uno de los centímetros de su bello plumaje. Al contemplar tal magnificiencia, no podíamos menos que abrumarnos ante la presencia por vez primera, de una luz cegadora y verdadera en un mundo de completa oscuridad. Un mundo en el cual, los vestígios mas parecidos a la luz eran el rojo carmesí de la sangre condenada y la luz procedente de nuestros hazes oculares.


David Serra habló:

-Recordad. Recordad aquello que tuvisteis con vuestra mortalidad, aquello que desperdiciasteis con actos de asesinato y mutilación de la inocencia. Kevin y Ciriel, recordad y sufrid el dolor de vuestras acciones- David comenzó a elevarse en la negrura con el batir de sus alas luminosas- Por la gracia y gloria de mi señor Celestio, yo acabaré con la insubordinación que Mortius no puede doblegar. Yo pondre fin a esta negación del destino encomendado, el destino que elegisteis al llevar vuestra vida moral por tales caminos de maldad, el destino que exige vuestra aniquilación. Seré yo quien os lleve ante Mortius.



David Serra atacó.

Con un movimiento fugaz de su brazo izquierdo, una enorme estela plateada salió disparada directamente hacia nosotros alumbrando a su paso todo cuando había alrededor.

Ciriel y yo conseguímos esquivar el ataque arrojándonos al suelo pero Selena no tuvo tanta suerte y soltó por primera vez un agudo y estridente grito de niña pequeña y asustada.


Lo que nuestros Hazes oculares captaron fue la cara ensangrentada de la pequeña caníbal mostrando unos ojos teñidos de lagrimas. Ahora la mitad de su cabeza había sido rapada completamente por aquel tajo de luz cortante dejándola media calva y con el cuero cabelludo derramando pequeñas líneas de sangre que caían por su cara.

Al ver que solo había perdido parte de su larga melena rojiza, Ciriel y yo suspiramos aliviados.


En su mano izquierda,David empuñaba una larga espada cuyo resplandor competía con el de sus alas. Aquella arma era la causa del fogonazo cortante.


Pero los ataques mentales volvieron y pronto estuvimos sometidos de nuevo ante aquellos recuerdos espoleantes. Recuerdos de nuestra estancia en el mundo de los vivos. En esos recuerdos nos abrazábamos, reíamos y cometíamos alguna que otra locura adolescente. En esos recuerdos se plasmaban todas y cada unas de nuestras felices experiencias pero convertidas en reproches insoportables, para mostrarnos todo aquello que hemos perdido para siempre; la amistad, el amor, las personas y una vida decente.


La voz de Ciriel se alzó en la negrura:

-¡Basta! ¡No quiero tener que revivir todo lo que he dejado atras, ahora este infierno es mi vida! David... nosotros nunca quisímos... ¡Nunca imaginamos la reacción de Angus en aquel parque de Santa Gloria! ¿No lo entiendes? ¿Cómo esperabas que reaccionaramos ante aquel impulso homicída del grandullón, ante aquel ataque de rabia contra ese negrat... afroamericano, Huméd?


-Es cierto que traicionamos tu integridad moral y puede que tu confianza hacia nosotros - intervine - Ya que no te contábamos nada acerca de nuestras inquisiciones nocturnas y nuestra forma de pensar, pero tienes que entender que tu muerte fue obra de la locura demencial de Angus. Perdió el control y te cruzaste en su camino cuando intentaste defender a Huméd.


-¡BASTA YA DE PALABRAS VANALES Y ESCUSAS COBARDES!- el batir de sus alas cesó y aterrizó en el suelo con aire solemne- Mi asesinato no es si no una profanación mas de las miles que llevasteis a cabo en vida, y lo sabeis. Aunque no reniego del sentimiento de venganza que corroe mi corazón, sé que Lucius tuvo exito con la misión que le encomendó a nuestro viejo amigo Angus. Una misión que concluyó al encontrar la muerte en tus manos ¿No, Kevin?- Mientras me decía aquello, recordé mis diamantes atravesando la garganta de mi corpulento amigo mientras éste blandía su hacha. Aquello sucedió mientras Agatha Lugosi reía sin parar en aquel hotel abandonado- Os amaba. Juro por Celestio que os amaba con toda mi alma. Ciriel, Angus y tú, Kevin. De verdad que os amaba...



Oír todo eso era aun peor que sufrir las intrusiones mentales de aquel Angel enfundado con aquella gran armadura de plata. ¿Acaso el mundo no merecía ser limpiado de seres tan pusilánimes como eran esos Sudacas y negratas? ¿No empañaban nuestras calles con su pobre cultura y su falta de independencia al inmigrar a nuestro país? ¿Porqué nuestro amigo nunca pudo entenderlo?

¿Porqué el mundo no quiso entenderlo?

-Sé lo que estais pensando- continuó David- Y la respuesta es No. No encontrareis mi perdón como tampoco encontrareis aquella amistad que tanto nos unió. Por obra y gracia de Celestio, mi vida ha sido reconocida y acogida en el paraíso. Entre abrazos y consuelos de amor eterno. En cambio, vosotros, seres de negro y frío corazón, estais aquí al amparo de Mortius el grande porque asi se os ha juzgado.


-¿No te dice nada que nuestro coraje nos está impulsando a prevalecer en este reino?- Irrumpió una cansada Ciriel- Y nuestro poder...gracias a él burlamos las constantes torturas psíquicas a las que son sometidas nuestras mentes. Con todo ello estamos demostrando que no somos simples mortales, que desafiamos las reglas y que somos demasiado importantes para acabar así. Y este poder... hemos utilizado la aparente destrucción mental al que son sometidas todas las victimas de Mortius, y transformarlas en nuestra propia arma combativa. Utilizamos nuestras mentes a la deriva para existir donde otros solo hallan locura y muerte. ¿Te dice algo todo esto? ¿No estamos demostrando el valor de nuestras almas?

Mi bella y astuta Ciriel. Ella siempre sabía expresar con palabras lo que ambos pensábamos. Pero el rostro de David permanecía impasible.

Selena se abalanzó de un salto directo al cuello del Angel, pero éste desplazó su espada de manera que quedó en horizontal y llegó a incrustarse en el hombro de la pequeña salvaje.
La velocidad de nuestro antiguo amigo era monstruosa y los inutiles esfuerzos de Selena para tumbar al lugarteniente mas poderoso de Celestio no hizo si no impacientarlo aún más.

-¡Bastardo hijo de...!- gritaba Ciriel mentras arqueaba todo su cuerpo ante una nueva oleada de ataques psíquicos de David-¡No podras pararnos te lo juro!
Una vez consiguió dominar su mente y excluir de ella aquel diluvio de recuerdos ( los cuatro sentados en el parque emborrachándonos, Angus jugando a los eructos con David, todos nosotros introduciendo petardos en el buzón del señor Olson) Ciriel mutó de nuevo en una especie de araña viscosa y humanoide y atacó.

Yo me limité a secundar su ataque transformando mis manos en cuchillas diamantinas y en liberar a mis dos Entes espectrales desde ambos lados de mi cuerpo. Aquellos compañeros siameses ya me habían resultado utiles en ocasiones anteriores.

Mientras David paraba todas mis arremetidas con su espada, sus alas se agitaban con fuerza suficiente como para provocar fuertes rafagas de viento que alejaban a Selena del combate.

Ciriel lanzó varias estocadas con sus largos apéndices destinadas a rajar la espalda de David mientras éste forcejeaba conmigo y con mis Entes, pero en pocos segundos se giró para encararla mientras golpeaba con un tajo circular mis diamantes, haciendome perder el equilibrio.

Ciriel empleó toda su fuerza mental para ejecutar su poder mas mortífero, que era el dominio del libre albedrío. Como ya hizo con los niño en patines en aquella pista de hielo, señaló con el dedo la figura del Angel que nos combatía y se sumergió en las mareas de su locura. La locura del poder.

De nada sirvió contra alguien de tal magnitud. De nada sirvió contra aquel Angel vengativo. Un Angel que volvió a atacar con esa velocidad celestial y certera...

Sucedió muy deprisa, así sin mas.

Mis Hazes de luz contemplaron con horror algo que no quería creerme.

No, aquello no podía estar sucediendo. No estaba preparado para afrontarlo...

Ciriel, el amor de mi vida, me miró perpleja, me sonrió por última vez mientras la espada de David Serra se hundía mas y mas en su vientre. El cabello sonrosado de mi amor ondeaba el viento mientras su cuerpo desnudo se combulsionaba agónicamente.

Lo último que capté de aquella sonrisa final fué:

"No te rindas amor mío...no...te... rindas."

Y acto seguido sus Hazes de luz se apagaron. Dejándome ver por primera vez en aquel mundo infernal, sus preciosos ojos. Por fín pude ver aquellos ojos humanos en lugar de luces. Unos ojos que se cerraron lentamente...se cerraron para siempre y esta vez no volverían a abrirse ante un nuevo mundo...

-¡Ciriel noooooooo!- grité y gemí mientras corría hacia ella sin importarme ahora que pudiera ser atacado por David. Ahora ya nada importaba.

El mundo podría implosionar en una vorágine de destrucción y muerte, todas las realidades podrían dejar de existir y permitir a los muertos caminar por el suelo de los vivos, ahora nada me importaba. Todo era inutil.

¿Con quién reinaría en un lugar como éste? Privado de una pieza clave en mi engranaje, de mi muerte en vida y de mi cruzada contra todos estos seres de fantasía Lovercraftiana...

"No te rindas amor mío". Eso me había dicho. Era su último deseo.

Ahora yacía inerte entre mis brazos desnudos mientras David Serra se acercaba con paso fírme hacia mí.

Selena luchaba mientras yo lloraba. Lo hacía con salvajismo y determinación.

Cuando mi primera lagrima se posó en el rostro de Ciriel, la figura de mi amada comenzó a evaporarse gradualmente entre mis brazos.

-Otra alma más para saciar el hambre de Mortius el Grande. Aunque haya necesitado la ayuda de mi señor Celestio, al final el amo del purgatorio lo a conseguido. Ahora acabemos con esto Kevin. Solo quedas tu.- Me dijo David Serra con aquel tono firme y cruel. A pesar de pertenecer a un mundo mas noble y completamente opuesto a este infierno, parecía disfrutar con su venganza hacia nosotros. Eso no lo hacía muy distinto de todos los que acabamos en este purgatorio...

-Soy la justicia, firme e implacable. Y como tal, debo actuar desprovisto de cualquier sentimiento perjudicial para mi cometido. Kevin, has hecho mucho mal en este mundo y en el mundo de los vivos. Si hubieses empleado ese don destructivo para fines mas fructíferos en vida, ahora estarías a la vera de mi señor Celestio. Rodeado de paz y gloria.

-Ciriel...no me dejes...por favor...- Ni siquiera percibí la punta de la espada que atravesó mi hombro y me dejo colgando en el aire cuando David Serra alzó el vuelo.

Selena nos contemplaba impotente desde abajo mientras nos alejábamos surcando el negro cielo infernal. Su rostro era la desesperación mas pura y triste.

Yo seguía encerrado en mí mismo.

Todo había acabado para mí... Ciriel, no sé si podré seguir adelante...

Cuando comenzaba a volver en mí, David Serra me había depositado en el suelo liberándome del ensartamiento al que me sometía con su espada. La sangre brotaba a borbotones por mi hombro.

Cuando comenzaba a recobrar mis fuerzas, me di cuenta de adonde me había traido mi antiguo amigo...

Un inmenso castillo cuya altura era imposible de atisbar, ya que se perdía entre la alta negrura, empequeñecía todo cuanto se hallaba a nuestro alrededor.

Se trataba de una fortaleza de dimensiones inconcebibles que eclipsaban todo el paisaje en kilómetro a la redonda.

-¿Es aquí donde quieres seguir la lucha?- Me dedicaba a desafiarle reflejando en mi voz toda la íra homicida que me embargaba. En aquel momento las voces de mi cabeza redoblaron su canto y sentí aquella grata sensación de reírme de todo.

SALVE MORTIUS EL GRANDE!- exclamó David Serra en dirección a la entrada del castillo.

La tierra empezó a temblar.

El castillo comenzó a crecer y a crecer...



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