Delirios de la cordura: MENTE A LA DERIVA. 12ºParte

domingo, 29 de marzo de 2009

MENTE A LA DERIVA. 12ºParte

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Al principio solo temblaba el suelo.

Luego vino aquel gigantesco terremoto.

Aquel mundo de tinieblas se agitaba con tal fuerza que incluso el propio David Serra tuvo que alzar el vuelo para no caer derribado. Que era justo lo que me había ocurrido a mí.

Hasta aquí llegaba mi camino.

Estaba acabado.

Aquí concluían todas mis ambiciones de conquista y sublevación ante tan aciago destino.

Me habían quitado el fuego que alimentaba mi pasión.

La pasión que alimentaba todos mis actos.

Los actos que ejecutaba gracias a ella.

Ciriel, Al final Mortius se había saciado con su alma.

El gran castillo adquiría ahora unas dimensiones imposibles de abarcar con las luces de mis Hazes oculares. Todo el horizonte había sido asfixiado por paredes de negros ladrillos y torreones que arañaban el techo de aquel purgatorio. Era como si el mundo acabase allí, frente a una enorme muralla que marcara el límite de cualquier realidad. No había piedras,montañas u horizontes lejanos, todo quedaba sepultado por kilómetros y más kilómetros de aquel castillo palpitante.

Digo palpitante puesto que todos y cada uno de sus cimientos se contraían y emanaban sendos vapores hediondos por cada una de las fisuras de su fachada.
Lucius entró en escena dirigiendose a David:
- Celestio nunca debería haber intervenido. Es admirable vuestra victoria pero no espereis que os lo agradezca...

David Serra se alejó volando entre frías corrientes de aíre mientras hablaba:
- El equilibrio vital se estaba rompiendo por culpa de esta insubordinación. Es posible que sin la ayuda de mi señor Celestio, el asunto con esos dos se hubiese prolongado aun más. Provocando con ello un retraso considerable respecto a las demás almas que debeis castigar. Ha sido una decisión drástica pero fundamental.
- Es cierto que este conflicto está dificultando nuestra labor respecto a las demas almas que nos llegan del mundo mortal. - Continuó Lucius - Nuestro amo Mortius está muy debil. Todo ello por culpa de nuestras continuas escaramuzas con estos apestosos rebeldes. Son ellos los que nos impiden ocuparnos de las misiones que asignamos a todos y cada uno de los humanos envíados aquí. ¡Estamos perdiendo un tiempo precioso por culpa de ellos mientras nuestro señor necesita saciar su hambre!
- ¿Y no teneis motivos para darme las gracias entonces?- Prosiguió David - ¿No es cierto ahora que por fin podreis acabar con esta rebeldía? ¿Acaso es menos cierto que una vez exterminados Kevin y Ciriel, podreis continuar asignando misiones a vuestras pobres almas herrantes para así alimentar a Mortius?
- El fin no justifica los medios. Habeis cruzado por primera vez desde el principio de los tiempos el límite de vuestras fronteras. Y eso quedó prohibído desde el pacto de los tres hermanos.

Mientras hablaban de pactos desconocidos, mi mente se zambullía de nuevo en el delirio para obtener mi fuerza. En aquel delirio creado para enloquecer a toda esa carnaza humana que eran las almas aquí enviadas. Esa locura y sufrimiento que servía de condimento para el estomago de Mortius el grande. ¿Para eso servían las misiones que nos encomendaban, para actuar como nutrientes para el amo del inframundo? Era de suponer entonces que contra mas sufrieran las almas condenadas durante sus "misiones", mas exquisitas les resultarían a Mortius a la hora de devorarlas.

Pero yo encontraba poder donde otros solo hallaban perdición. Las voces acudieron a mí. De nuevo se mezclaban pensamientos y recuerdos pasados en una tormenta de abstracta demencia. Mi mente se revolvía en sus delirios y yo los acogía con los brazos abiertos. El mundo volvió a parecerme un chiste y todo en mí era locura. De nuevo obtuve el poder.

Ví como David Serra se alejaba volando de vuelta a su mundo. Ahora Lucius se acercaba al enorme castillo sin puertas sin dejar de sonreír.

Con mis manos convertidas en largas cuchilllas de diamantes, corrí hacia él sin importarme que su poder pudiera facilmente rivalizar con el de aquel Angel vengativo que se había marchado.
- ¡Esto ha llego a su fín Lucius! ¡Jajajajajaja! ¡Ya lo creo que sí! - No podía dejar de gritar y reírme a pesar de mi fatídico destino- ¡Vamos! ¡Amasijo del infierno montón de mierda! ¡Ven a por mí!
- Este castillo que cubre todo el horizonte es lo que llamamos "La coraza de Mortius". - Se limitó a explicar Lucius a pesar de mis constantes llamadas al desafío - Digamos que en su interior reposa nuestro señor, pero es solo una pequeña muestra de su majestuosidad. Ya que él nunca nos ha otorgado la privilegiada visión de su figura. Durante eones, cuando la situación así lo requería, emergía de las entrañas de la nada para guiarnos y aconsejarnos. Pero siempre lo hacía sin salir de este castillo. El castillo cuyas dimensiones cortan el infinito. Creado tras el pacto de los tres hermanos.

Llegué hasta él mientras hablaba de aquel misterioso pacto y comenzamos a forcejar con los brazos. Los Entes siameses brotaron de mi cuerpo para estrangularle mientras que mis cuchillas se afanaban por atraversar sus manos. Lucius las esquivaba con pericia.
- ¡Jajajajaja! ¡Mi amor Ciriel! ¿Estas muerta? ¡Entonces no tengo nada que perder! ¿Luchar por la vida? ¡No no y noooo! ¡ Esto no es vida si no una muerte eterna! ¡Jajajajaja!-

No podía dejar de gritar extasiado. Es increíble la felicidad tan retorcida y extraña que me enbargaba. Ahora mi mente no naufragaba a la deriva, si no que finalmente se había... AHOGADO.

Durante varios segundos reinó la quietud. Ambos nos encontrábamos mirándonos fijamente y en posición de ataque. Ahora mis respiraciones parecían desprender una sustancía sanguinolenta por cada uno de mis poros y pringaban todo mi cuerpo con pus rojiza. En aquel momento no reparé en ello.
- Acabemos con esto - Sentencié - ¡Jajajaja! "Acabemos con esto",eso mismo dije cuando la inmigración llegó a Santa Gloria. Pero no siempre se puede erradicar los problemas ¿Verdad?
Lucius contemplaba con cierto horror los chorros de aquella sustancia tan densa y pegajosa que segregaba mi cuerpo. Supuse que pensaba lo mismo que yo; La locura tambien estaba pudriendo mi estado físico. La forma psíquica se le había quedado pequeña y ya no le bastaba con devorar solo mi mente. Los límites de mi cordura habían muerto definitivamente.

Un grupo de figuras se materializaron detras de Lucius. Mis Hazes de luz alumbraron sus rostros con total nitidez.

El mago Hipnos, Freeman el Gordo, El titiritero y por supuesto, Agatha Lugosi. Asi tambien estaba toda su familia granjera, Pit, Teddy y la vieja Andrea.

No faltaba nadie.Todos los que hasta ahora daba por exterminados, habían regresado.
Todos ellos me contemplaban ahora con miradas y gestos de puro odio. Todos salvo Freeman, cuyo rostro nunca abandonaba esa sonrisa retorcida. El pequeño Teddy tambien reía.Probablemente imaginándome espachurrado entre sus grandes brazos.

- ¿Pero que caraj...? -Grité. Pero Hipnos inmovilizó mi cuerpo antes de poder acabar la frase con dos anillos de energía cerrados sobre mis brazos y mis piernas. Lucius se acercó haciendo sus característicos malabares con bolas de goma (siempre las tenía a mano) y me habló al oído:
- ¿Qué clase de hacedores de almas crees que somos si no somos capaces de burlar a la muerte? No puedes acabar con nosotros. Tal vez debilitarnos durante largo tiempo, pero no puedes eliminar a los que se dedican a eliminar. No puedes matar cuando fuimos nosotros los que dimos sentido a esa palabra.

Mientras Lucius parloteaba, Freeman el gordo comenzó a golpear mi rostro con puñetazos tan fuertes como una estampida de elefantes. Todo a mi alrededor se nublaba y daba vueltas sobre un mismo eje.
- Has sido muy malo chico - Me decía Freeman - ¿Y mi preciada niña Selena? Desde luego que eres alguien especial para haberte ganado su confianza. Ella es otra hacedora de almas ¿Sabes? pero siempre ha sido un poco inestable - Cuando terminó de hablar, siguió con su habitual lluvia de golpes devastadores.

El titiritero, ese extraño personaje con el que luchamos a los pies de aquel volcán, habló:
- Digo que la anomalía en este equilibrio vital no merece mas tiempo de existencia. Digo gracias si cobramos nuestra venganza por tantas humillaciones sufridas. Digo gracias y adios. Kevin.
- Desde luego que sí. Pongamos punto y final - le secundó Agatha Lugosi - Honremos el pacto de los tres hermanos.

Yo solo quería reír. La locura me embargaba.
Ya nada tenía sentido (¿Alguna vez lo tuvo?) Al igual que resultaba imposible pensar en cualquier posibilidad de salvación.
A pesar de ello...¡Qué diablos! ¡Me los llevaría a todos por delante con mi muerte! Aunque eso signifique el exterminio de toda la existencia humana. ¡Preferiría mil veces el fin del mundo antes de concederles el triunfo! ¡A la mierda con Celestio y Mortius! ¡A la mierda con ese pacto de los tres hermanos!¡Jajajajaja! Adelante. ¡Adelante! ¡Devórame! ¡Sacia tu hambre infinita y líbrate de mí! ¿No es eso lo que quieres, jodido Mortius el grande?

La sustancia corrosiva de mi cuerpo se estaba cebando ahora con mi piel y varios centímetros de huesos asomaron al exterior. Así como la mitad de mi rostro consistía ahora en media calavera humana.
Pero ya no sentía dolor. El delirio me abrazaba y nacía de mi interior.

- ¡Su poder no deja de crecer! - Gritaba Pitt, el padre granjero de Agatha.
- ¡No puede ser! ¡No podemos alimentar a Mortius con él...con... con esta cosa chiflada, demente y envenenada - Gritaba horrorizado Freeman mientras se alejaba varios pasos de mí.
Lucius era incapaz de articular palabra ante tal horrible espectáculo. Miraba perplejo la calavera que ahora ocupaba la totalidad de mi rostro. Una calavera que sonreía entre destellos de luz procedentes de sus cuencas oculares.
- ¡Me rindo! ¡Jajajaja! ¡Me rindo, acabad conmigo! ¡jajajaja!- Les gritaba yo.

Lucius se dignó a pronunciar palabra:
- Nuestro amo no es estúpido. Sabe que algo con semejante poder puede consumirle por dentro si llegara a devorarle. Provocando así un cataclismo universal debido a la caída de este mundo. pero...¿Qué hacemos entonces? ¡Su poder ahora es superior al mío y no podemos controlarle ni juntando todas nuestras fuerzas! Y Mortius está muy debil para intervenir. Lleva mucho tiempo sin alimentarse...¡Este humano no es más que un virus que corroe y profana el pacto de los tres hermanos!
- ¡Estamos perdidos! - gritó Hipnos - ¿Cómo acabará esto?

Las voces de mi cabeza redoblaron su canto hasta tal punto que ahora incluso podían ser oídas por Lucius y los demas.
- ¡Contemplad el poder del Lucecitas! ¿No es eso lo que soy, Lucius? ¡Jajajajaja!

Los Entes ligados a mi cuerpo doblaban su tamaño al tiempo que mis diamantes crecían en longitud y grosor. Un aura enorme envolvía toda mi figura y los allí reunidos se llevaron las manos a los ojos para protegerlos del deslumbramiento.
Freeman lanzó contra mí una densa humareda de gas invocada con el fin de chupar toda mi energía, pero gritó con resignación al ver como se desvanecía al contacto con la sustancia rojiza que me envolvía. Una sustancia que era la locura en su estado mas físico.
- ¡Esto es inconcebible! - Exclamaba sin cesar - ¡Somos Hacedores de Almas, no podemos fallar!

Todos contemplaban ahora la calavera que reemplazaba mis rostro. Así como los gajos de piel que se difuminaban para mostrar mis huesos candentes al mundo. Ahora mi piel tan solo cubría un tercio de mi cuerpo y mi corazón palpitante, igual que mis pulmones e intestinos, eran divisados con total claridad bajo mis huesos.

Ni tan siquiera Andrea, aquella anciana que nos privó de nuestras fuerzas con su canto en la cabaña de aquella catarata interminable, podía hacer nada contra mí.

Noté la mirada de Lucius sobre mí. En ella solo había furia y desesperación.
En la mía podía leerse claramente "Te he ganado".
Pero de pronto las voces de mi cabeza se ahogaron.

Una enorme fuerza subcionadora me atrajo hacía el castillo a una velocidad de vértigo.
Las paredes de ladrillo se abrieron para permitirme el paso a traves de sus negras entrañas y me sumergí dentro de la estancia como si de una aspiradora se tratase. Pude oír a Lucius gritar a lo lejos:
- ¡Mortius ha decidido actuar! ¡Nooo! ¡Señooooor, no puedes devorar su alma! ¡Está podrida e infecta y acabará contigo si lo haces! ¡No lo hagas amoooo! ¡No lo hagaaaaas! - todo ello acompañado por los lamentos de sus compañeros que gritaban al unísono.

¿He vencido entonces? Esta oscuridad que no deja de subcionarme hacia la nada... ¿Es a Mortius donde me lleva? ¡Jajajaja! ¡Que te aproveche estupido Hades de tres al cuarto! ¡He ganado! ¡Jajajaja! ¡Devora mi cuerpo consumido por el veneno y haber como te sienta!

Ciriel, Angus...lo he conseguido.
Crucé el umbral.
El interior de aquel castillo infinito constaba entre otras cosas, de imágenes procedentes de otros mundos. En las paredes, escaleras y en los suelos, allí se mostraban imágenes de firmamentos desconocidos para mí.

Luego todo fué destellos de luz cegadora.
Las explosiones de luz dieron paso a un rostro gigantesco que apenas contemplé durante una fracción de segundo. Un rostro poderoso y sublime de ojos escarlata del tamaño de dos asteroides gigantescos. Aquel rostro era el apocalipsis en sí mismo. Me resultaría imposible describirlo con simples palabras. Era como si todo el firmamento se transformara en una inmensa cabeza humanoide para desaparecer al instante. Como un espejismo.

¿Entonces eres Mortius?

No hubo respuesta. Pero despues de la luz llegó la oscuridad.
Noté como me desintegraba.



Próximo capitulo: El desenlace.

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