Delirios de la cordura: noviembre 2009

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Un Dios entre paredes.

Clickear abajo en "Leer más" antes de empezar para que salgan todos los textos;)


En este mismo instante me encuentro sentado en mi habitación. Frente al escritorio sobre el cual descansan una serie de lapices gastados, varios tubos de pegamento vacíos, una revista subida de tono,mis apuntes de facultad a medio hacer y una maqueta echa a mano de Santa Gloria, mi ciudad.
Mientras el silencio de la tarde adormece mis sentidos, oigo a mi padre roncar en el salón mientras mi madre contempla angustiada las noticias. Ultimamente no hace otra cosa que no sea ver la televisión.Al igual que el resto de los ciudadanos.
Hace no más de seis días dos edificios abandonados que llevaban exahalando sus ultimos días de vida desde hace bastante tiempo, finalmente acabaron por derrumbarse. Ambos casi al mismo tiempo a pesar de hallarse en puntos dispares de la ciudad.
El edificio correspondiente a la antigua fabrica de conservas no provocó ningun daño, pero el que en alguna epoca llegó a ser un centro comercial, produjo dieciseis muertos y catorce heridos graves. Una verdadera desgracia sin duda.


En otra ocasión, el tercer puente que unía Santa Gloria con el condado de Wargen, se precipitó hacia el mar llevandose consigo las más de cien vidas que en aquel momento circulaban por él. El mar quedó reducido a enormes guijarros húmedos y ensangrentados. Los informativos lo bautizaron como el puente al infierno.

Nadie, ni siquiera el mejor de los arquitectos pudo vaticinar aquellos desplomes tan repentinos. No se habló de otra cosa en seis días. Los más superticiosos pensaron en una especie de maldición que se estaba cebando con nuestra ciudad. Otros pensaban en crueles coincidendias y otros simplemente abandonaban la ciudad y buscaban entornos mas alegres.

No se hablo de otra cosa hasta el día de hoy. En el día de hoy la gente olvidó inmediatamente aquellas tragedias. Olvidaron todo lo sucedido cuando a media mañana, el Ayuntamiento de la ciudad se elevó lentamente por los aires como un falso ovni de pacotilla hasta perderse en el inalcanzable y majestuoso cielo otoñal.

Mi madre lanzaba numerosos suspiros de tristeza intercalados de vez en cuando con un "Dios mío" o un "santo cielo". Mi padre en cambio se empeñaba en creer que era todo un gran truco para promocionar alguna película o hecho festivo. En cualquier caso, la ciudad entera se hallaba conmocionada y la inmensa mayoría se agolpaba alrededor del vasto terreno ahora precintado por la policía. Terreno sobre el cual descansaba varias horas antes el ayuntamiento.

Siempre me resulta bastante facil imaginarme como reaccionara el gentío ante cualquier hecho inesperado. La cantinela siempre es la misma; todos y cada uno de ellos con los ojos abiertos como platos y queriendo estar en primera fila. Los que no grababan la escena con su cámara de video lo hacían con el movil. Los que no grababan se dedicaban a vociferar como miuras en celo entre infinitos ataques de risa o histeria fingida, Solo para poder decir "Yo estuve allí". Y cuando por fin crees observar a personas lo suficientemente responsables y con la entereza que precisa un acontecimiento de tal magnitud, un acontecimiento en el que un ayuntamiento despega hasta perderse en las alturas, resulta que es un director o productor de cine decidido a sacar tajada.

Desde mi ventana oigo a la muchedumbre como si una feria ambulante hubiese llegado a la ciudad. El ver un edificio de doscientos metros despegar como una nave de dibujos animados sin sufrir daño alguno sería carne de cañon para los medios de comunicación durante años.


Definitivamente el ser humano da asco. No hace falta ser un genio para darse cuenta de ello. Incluso podemos verlo escrito en muchos libros de falsa autocrítica social.

A veces, mientras uso mis inquietas manos para trabajar en la maqueta de construcción casera que tengo ante mí, me pregunto porqué soy tan conciente de la decadencia humana. Porqué me a tocado cerciorarme de lo patetico que resulta los patrones de comportamiento que poseen las personas ¿No puedo ser como mis padres, ignorantes pero felices de de ser como son? Incluso a ellos, que me dieron la vida hace diecinueve años, incluso a ellos les odio.

Me corroe el alma hablar con mi familia, me hierve la sangre entablar conversación con mis amigos. Simplemente no puedo aguantarlos.Absolutamente a nadie; sus sonrisas de pura educación pero de falso aprecio. Sus intenciónes de darte cariño cuando menos lo necesitas y ese deseo hipócrita de ayudarte en tus problemas siempre que no te atrevas a que la vida te vaya mejor que a ellos.

No hago más que ver los defectos de la gente y poco a poco me estoy volviendo loco. Gente que al ver como se desploman dos edificios abandonados, y uno de ellos matanto a dieciseis personas, se quedan como si nada. Gente que contempla un puente derrumbarse y cobrar mas de cien almas en su peaje al otro barrio y se dedican únicamente a ponerle nombre; El puente al infierno. Increíble. Simplemente increíble.

En la habitación contigua a la mía, mi hemana de tres años Annie, juega en su parque infantil. Tambien envidio con creces su lejana percepción del mundo donde habita. Con la unica preocupación de llorar cada vez que quiera comida o busque recibir mimos paternales. Sin tener que cavilar sobre los motivos por los que el puente hacia Wargen se vino abajo.

Terminé la maqueta hace más de un mes. Traté aquel hobbi como algo enfermizo. No podía explicarlo pero era como si toda mi rabia fluyera por mis manos y encontrasen su descanso en aquel minucioso proceso de dar vida a edificios y carreteras en miniatura. Cuando construía, me sentía en paz. Mi padre suele decirme que tengo alma de arquitecto profesional. Si supiera la verdad que se esconde tras mis obras...

Ahora mientras contemplo la pequeña maqueta de Santa Gloria bajo la luz de mi lampara de mesa, sonrío. Lo cierto es que la maqueta era digna de estar en un expositor. Para ser la primera vez, era un trabajo muy bueno. Era como contemplar mi hogar de la misma forma que pudiera verlo Dios desde las alturas.

Estaba ancioso por completar mi segunda obra. Esta vez mucho mas grande y detallada que la inspirada en mi ciudad. Llevaba días sin salir (unicamente iba a la universidad) para poder terminarla lo antes posible. Fueron dos semanas en las que mis padres me imprecaban una y otra vez mi falta de vida social y mi reciente conducta patológica. Yo simplemente me dedicaba a seguir con este segundo proyecto.A día de hoy ya me dejan mas a mi aire. Supongo que estaran resignados. Eso o estaran llamando a un psiquiatra para que acuda a mi casa en aquel preciso momento.

Lo cierto es que el mundo entero necesita un loquero. Una especie de Psiquiatra universal que encarrile este mundo hacia un camino menos autodestructivo y pueril.

Aparto a un lado la primera reproduccion de Santa Gloria, en la que dos pequeños cuadrados que se asemejan a dos edificios abandonados yacían estrujados accidentalmente por mis dedos hace seis días. La misma reproducción sobre la que ejercí presión suficiente como para partir en dos la pequeña lamina de madera utilizada para dar vida a uno de los tres puentes que tiene la ciudad.Concretamente el que conduce al condado de Wargen. Tambien extraje la arcilla que empleé para crear el ayuntamiento.Una pieza que arranqué de mi obra con el unico fin de confirmar ciertos hechos asombrosos que sucedían a la par que modificaba mi preciada maqueta. Me dediqué a extraer delicadamente el pequeño ayuntamiento hasta dejar un minusculo hueco entre los demas edificios de cartón. Tal vez un día decida volver a poner la arcilla moldeada en su sitio. Merecería la pena ver que cara pondrían esos Homo Sapiens allí congregados cuando su preciado Ayuntamiento descendiera de los cielos para volver a posarse en el centro de la ciudad.

Cogí con sumo cuidado la segunda maqueta. Esta vez, se trataba de una ciudad mucho mas grande y conocida por todo el mundo. Aquella obra pesaba como un muerto.

Sí, lo cierto es que aquel término era el más propicio para la ocasión. Sembrar la muerte era mi único Don.

Oigo a mi madre discutir con mi padre sobre el grado de implicación del gobierno sobre lo ocurrido con el ayuntamiento volador y a los vecinos corretando por las calles gritando y dando la bienvenida a los extraterrestres que llegaban para subcionarnos a todos.

Definitivamente el ser humano es ridículo.

Llevo mi nueva maqueta a la habitación de mi hermanita pequeña. Abro al puerta y la saludo imitanto el ladrido de un perro. Eso siempre la hace reír.

-¿Te gusta mi nuevo juguete?- Le digo cariñosamente mientras pongo a su vista toda una ciudad en miniatura. A su lado, Santa Gloria era un barrio de segunda clase. Ella intenta alargar los brazos para coger la maqueta.

- Saqué las ideas necesarias por internet. Es Nueva York ¿Te gusta? -De nuevo intentó atraparla entre sus rechonchas manos infantiles.

- La semana que viene quiero hacer París. A ver que te parece- Le dije cariñosamente- Luego podría hacer Londres. Sin ninguna duda tengo un talento inusual y hay que aprobecharlo- le hablaba entre fraternales sonrisas mientras depositaba Nueva York en su cuna. Su carita se lleno de entusiasmo.

-Voy a salir un rato a la calle. No vaya a ser que papá y mamá acaben internandome en un manicomio. Adios Annie- Me despedí imitando otro ladrido de perro. Pero la pequeña Annie estaba muy ocupada haciendo pedazos la maqueta que tenía en frente con sus rechonchas manos como para reírse de mis bromas.